VISITA ARGENTINA

La Rioja

LA RIOJA — Escrito por visita @ 10:18

LOS HABITANTES
ORIGINALES DE LA ZONA

Justo es nombrar a quienes fueran los orígenes: CULTURA AGUADA, OLONGASTAS, CAPAYANES Y DIAGUITAS, hasta el mismo Imperio Inka, convivieran humildemente con esta tierra colonizada luego por el español a partir del Año 1591, cuando Don Juan Ramírez de Velazco (fundador de La Rioja) llega a la zona.Uno de nuestros primeros idiomas era el kakán, que dejó de hablarse hace más de 200 años (el idioma quechua fue introducido con los incas a fines del siglo XV).Desde allí, en más, surgieron figuras como las que vamos a mencionar y muchos más que trabajaron y amaron la tierra, defendiéndola con ahínco.

EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA

En el Parque Nacional Talampaya, orgullo máximo de los riojanos a nivel geográfico, se encuentra Ciudad Perdida, el circuito más extenso de Talampaya. Su recorrido, como el de todo el parque, es un viaje al inicio de los tiempos. Para visitar Ciudad Perdida hace falta contratar un guía oficial. La visita puede realizarse tanto en camioneta 4 x 4 propia como en la del parque. Desde la oficina de Parques Nacionales partimos con nuestro guía desandando el mismo camino de la entrada, hasta alcanzar la Ruta Nacional Nº 76. El recorrido es muy corto. A los tres kilómetros doblamos a la izquierda por un sendero de tierra roja que nos conduce hacia las profundidades menos conocidas de Talampaya. El árido camino serpentea por la estepa desolada de este paraje que hace 225 millones de años era un verdadero bosque tropical con grandes lagunas y una nutrida fauna.

Recorremos el lecho seco del río Guabo, que forma una verdadera autopista de arena de dos kilómetros de largo. Parque Nacional Talampaya: Circuito Ciudad perdida Cuesta creer que allí donde hoy descansa un lagarto somnoliento alguna vez transitaron los primeros dinosaurios: en el parque se descubrió el Lagosuchus Talampayensis, uno de los dinosaurios más antiguos del planeta. Al ser un sector poco visitado del parque, es muy factible ver ejemplares de la fauna local, como una pareja de maras huyendo a los saltitos, algún zorro escabulléndose tras un arbusto e incluso manadas enteras de guanacos que nos observan petrificados y luego salen a la carrera cuando un relincho del jefe ordena la retirada. También es posible encontrarse con la belleza cruel y colorida de una serpiente coral. Un cráter de tres kilómetros A lo lejos vemos la antigua y rojiza formación geológica de Los Chapares, que forma parte de la cuenca de Ischigualasto, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Luego de recorrer quince kilómetros sin mayores obstáculos para la camioneta a través del lecho del río, estacionamos el vehículo a la sombra de un algarrobo. Comienza la caminata. Al principio, nada llama la atención. Un breve y monótono trekking sorteando dunas con jarillales presagia que a unos pocos pasos nos espera el deslumbramiento. Como el camino va en leve ascenso, no es posible obtener una visión panorámica de lo que tenemos enfrente. Pero al llegar al punto más alto se abre frente a nosotros un inesperado cráter al ras del suelo, cuyo diámetro mide tres kilómetros, donde se alberga nuestra buscada Ciudad Perdida. Al pie de la montaña se dilata sin rumor un arroyo impuro, entorpecido por escombros y arena; en la margen opuesta resplandece Ciudad de los Inmortales. Esta ciudad, quizás soñada por Borges para su cuento El Inmortal, probablemente tenga algo en común con Ciudad Perdida. Parque Nacional Talampaya: Circuito Ciudad perdida Sorprendidos por el inesperado paisaje nos ubicamos en un mirador natural a observar el panorama desde el borde del cráter, que en verdad es una gigantesca depresión formada por los movimientos tectónicos que llevaron el terreno hacia abajo. A nuestros pies se desarrolla un complejo laberinto de recintos de arena y fantásticas formaciones que se asemejan a los restos de una ciudad fantasma totalmente destruida por una lluvia de meteoritos. En su centro, Ciudad Perdida tiene una formación basáltica de color oscuro que increíblemente forma una pirámide casi perfecta llamada Mogote Negro. Pero el laberinto invita a ser descubierto, así que descendemos setenta metros hacia su interior por un sencillo flanco del cráter. Al atravesar estos recintos originados en el período triásico, tenemos la sensación de que en cualquier momento surgirán volando tras los murallones un grupo de pterodáctilos. Su laberíntica trama, de apariencia inmóvil, se teje y desteje al arbitrio del agua y el viento. A través del laberinto Ya en el interior de la misteriosa Ciudad Perdida, recorremos sus entrañas por una serie de senderos naturales que, en verdad, son los cursos secos de las caprichosas corrientes de agua que se forman en el interior del cráter en épocas de lluvia. Son cursos de agua tan poderosos como breve es su existencia, ya que el terreno arenoso absorbe los caudales que en el verano ingresan por el este y, luego de ahondar el cráter, salen hacia el oeste originando el río Los Verdes. A pesar de su corta existencia, los cursos de agua van cambiando periódicamente la forma del laberinto, y esculpen extrañas formas dignas de un calidoscopio que cambia a cada momento. Estamos frente a un frágil mundo de esculturas de arena que sobrevive inmune al pasado, desde el tiempo de los dinosaurios. Bajo el sol oblicuo del atardecer, cuando se encienden las coloradas formaciones en el poniente, un dominio silencioso nos permite atender con total nitidez a los íntimos latidos del corazón. Parque Nacional Talampaya: Circuito Ciudad perdida El paisaje difiere bastante de la imagen tradicional que uno tiene de Talampaya. Por empezar, los colores son más suaves, y el rojizo se torna rosado. Además hay otros colores, como ciertos tonos verdosos y blancuzcos, que predominan en algunos paredones. Desde el interior de Ciudad Perdida nunca tenemos una visión panorámica del paisaje, lo que agrega su cuota de misterio y sugestión. Luego de recorrer verdaderos pasadizos y de haber descubierto ventanas de cuadratura casi perfecta, aparece hacia el sudoeste El Anfiteatro, un hoyo en el terreno que mide alrededor de cien metros de diámetro y otros ochenta de profundidad. Este pozo, formado por la lluvia y la erosión, esconde a su vez nuevas y extrañas formaciones irregulares que se descubren cuando nos asomamos a su vertiginoso precipicio. Finalmente se desciende hasta un cerrado cañón llamado Barrancas Coloradas por donde se llega hasta una vertiente de agua que forma un pequeño salto con un hilo de agua. Datos útiles Cómo llegar: desde la ciudad de La Rioja, por la Ruta Nac. Nº 38 hasta Patquía, siguiendo por la Ruta Nº 150, para finalmente tomar la Ruta Nº 26. Son 230 kilómetros en total. Duración: tres horas en vehículo y otras tres caminando. Dónde informarse: Dirección General de Turismo de La Rioja. P.B. Luna 345

Nota: Sandra Bonetto y Julián Varsavsky

ANTE LA MIRADA DEL CONDOR

Los primeros rayos del alba se asoman en el horizonte. A gran velocidad salimos de la capital riojana. Dejamos atrás la Ruta Nac. Nº 38 y empalmamos la Ruta Pcial. Nº 26 hasta la localidad de Tama. Del brillo del lucero sólo quedan algunos vestigios y ya en el amanecer mismo irrumpen ante nuestra mirada los llanos riojanos, aquellos que vieron nacer a Facundo Quiroga, de ahí que a este caudillo devenido en mito se lo conoció con el apodo de “el tigre de los llanos”. La Rioja: Reserva natural Quebrada de los Cóndores Tomamos un camino de ripio consolidado que nos conduce hasta Pacatala. La ansiedad por llegar hasta el cordón de la Sierra de los Quinteros, donde se encuentra la Reserva Natural Quebrada de los Cóndores, el lugar donde comienza nuestra travesía, es contenida por Álvaro –nuestro guía– que con su simpatía y conocimientos sobre botánica nos describe con notable exactitud los ejemplares que se van sucediendo. Pasamos frente a la “lagunita”, un pequeño espejo de agua rodeado por rocas de granito negro, rosado y gris utilizado como bebedero por muchos corderos, ovejas y cabritos. El zigzagueante camino asciende con una suavidad milimétrica hasta llegar a una extensa meseta. Entre gigantescas rocas y jarillas se yerguen tupidos ejemplares de algarrobos, quebrachos, chañares y molles, propios de las zonas áridas. A lo lejos se divisan algunos lugareños a caballo acompañados de sus fieles perros que los ayudan en la labor de arrear el ganado caprino. La Rioja: Reserva natural Quebrada de los Cóndores Con el sol a media mañana llegamos al puesto rural Santa Cruz de la Sierra, base de la Reserva Natural donde además de alojamiento, cabalgatas, y una espectacular saliente montañosa hacia la morada de los cóndores, se ofrece la casi silenciosa y cálida cordialidad de la gente de campo –nuestros anfitriones– que habitan en el tranquilo paraje.

El mirador de los cóndores Mientras se ensillaban los caballos, aprovechamos para degustar un riquísimo café de filtro acompañado con pan y dulces caseros. A pesar de nuestra llegada las labores cotidianas no son dejadas de lado. Por todos los rincones del puesto, los peones se encargan de darle de comer a las gallinas, recoger agua de los manantiales, sacar a pastar a los cabritos o juntar frutas por los alrededores. Como tenemos tiempo nos disponemos a ayudarlos con alguna labor. Silenciosos se sonríen, hombres de pocas palabras y sumamente respetuosos, nos enseñan. “Don Álvaro, los pingos están listos…” dijo uno de los laboriosos peones, haciendo referencia a que había terminado de ensillar los caballos y que nuestra travesía debía continuar. La Rioja: Reserva natural Quebrada de los Cóndores Nos vamos por un sendero de montaña. La cabalgata de 6 km es intensa, pasamos entre enormes conformaciones pétreas y cruzamos vertientes de agua que se multiplican por doquier. Es importante llevar los caballos con las riendas flojas, para que puedan ver el camino. Llega un momento en el que no hay terreno llano y debemos descender de los equinos para continuar la marcha. Pronto nos encontramos al filo de una gran meseta. Desde un balcón natural aguardamos la llegada de los cóndores. Uno de los peones que nos acompañó en la travesía puso sobre una roca una campera color rojo y casi automáticamente comenzaron a aparecer detrás de las montañas las figuras desafiantes de los cóndores. Pronto estábamos rodeados por una docena de ellos, que giraban a nuestro alrededor.

Tomamos conciencia de su tamaño cuando uno, en un vuelo rasante se aproximó en cámara lenta al lugar donde estábamos nosotros: tres metros y medio con las alas extendidas. La Rioja: Reserva natural Quebrada de los Cóndores Álvaro nos cuenta algunos de los hábitos más significativos de estas majestuosas aves que imponen su presencia desde lo alto. “Es un animal que forma pareja de por vida y, según la tradición, cuando uno de ellos muere, el otro remonta vuelo y se suicida arrojándose en picada, hasta estrellarse contra el piso o las rocas de la montaña. Desarrolla una velocidad de 150 km/h y es puramente carroñero”. Azorados al conocer su hábito suicida, contemplamos junto al precipicio el audaz planeo de los cóndores que parecen suspendidos en el aire. Luego de estudiarnos, se incorporan en su vuelo y en bandada se alejan. Quedamos estupefactos por el espectáculo vivido, interiormente sabemos que es poco probable volver a estar tan cerca de ellos, pero nos consuela al menos cerrar los ojos y apelar a la memoria para retener esa imagen suspendida en la diafanidad del cielo, sinónimo de libertad. La Rioja: Reserva natural Quebrada de los Cóndores Totalmente maravillados regresamos al puesto de Santa Cruz de la Sierra y para nuestra sorpresa somos agasajados a las cuatro de la tarde con un exquisito cabrito asado en el horno de barro. El sabroso aroma no nos hace ni dudar y mientras contamos las anécdotas vividas a la familia de la Vega, nos disponemos con cierto decoro a comer el humeante banquete. Luego de la sobremesa nos despedimos de todos. Los besos y los abrazos fraternales se apoderan del tiempo. La Rioja: Reserva natural Quebrada de los Cóndores Comenzamos a desandar el camino para volver a La Rioja. Sentimos que una intensa mirada nos acompaña en el trayecto. Miramos hacia el cielo y a lo lejos divisamos un punto negro suspendido en el aire. Es la figura del cóndor que desde las alturas nos escolta, asegurándose de que partimos una vez más a la ciudad. Distancia a recorrer: 190 km Duración: se parte a las 7:00 desde la ciudad de La Rioja y se regresa a las 20:00 hs.

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UN OASIS EN EL DESIERTO

Ubicado al final de la Quebrada de Los Sauces, rodeado de cerros que ofrecen magníficas vistas panorámicas, con lugares aptos para acampar y balnearios habilitados en verano para la realización de deportes náuticos se encuentra el dique Los Sauces, el sitio ideal para tomarse un recreo a escasos kilómetros de la capital riojana. Para llegar a este oasis en medio de la aridez cuyana se debe salir de La Rioja por la Av. San Francisco, empalmar la Ruta Pcial. Nº 1 y recorrer 15 km hasta el dique propiamente dicho. La Rioja: Dique Los Sauces Durante el recorrido se pasa frente a la Iglesia de Las Padercitas, de más de 500 años de antigüedad; el Monumento al Tinkunaco, donde se celebra en el mes de enero el “encuentro” entre las culturas españolas y huarpes; y frente a Cochangasta, barrio residencial de la capital provincial, antiguamente conformado por fincas de olivos y nogales de familias terratenientes, que con el correr de los años se fueron loteando.

Este pintoresco lugar está ceñido por el Cerro El Peñón, de 1800 m.s.n.m. sobre la derecha, y por el Cerro de la Cruz, de 1600 m.s.n.m. a la izquierda, conformando entre ambos la quebrada que le dio el nombre al dique. La Rioja: Dique Los Sauces La ruta que conduce hasta el embalse está en muy buen estado y totalmente pavimentada. Metros antes de cruzar el túnel de montaña se debe doblar hacia la izquierda y dejarse llevar por el camino que conduce directamente hasta el lugar. En la zona del dique se emplazan el Club de Pesca, el Club Náutico de La Rioja y el Camping Municipal, que cuentan con zonas para acampar, asadores, piletas y sanitarios. En este ecosistema el clima es semi-árido, con presencia de plantas xerófilas como chañares, algarrobos, quebrachos, tuscas, sauces y jarillares, muchos de los cuales realizan el proceso de fotosíntesis sobre el propio tallo. La Rioja: Dique Los Sauces Por los alrededores del dique Los Sauces se pueden apreciar coloridas conformaciones pétreas como la “pollera de la gitana” –en referencia a la forma de la misma– que es erosionada por el agua y el viento, poseyendo un alto contenido de óxido de hierro, cobre y cal. La Rioja: Dique Los Sauces Además de disfrutar del sol del verano, sobre las aguas del embalse se puede practicar windsurf, natación o pesca deportiva. En un breve recorrido por los alrededores se puede divisar cóndores, jotes, reinas moras, golondrinas, cardenales, y suris entre las aves, y zorros grises, liebres, quirquinchos y mulitas entre los mamíferos más característicos del lugar.

Nota:Marcelo Sola

LOS PUEBLOS SILENCIOSOS

La costa riojana está formada por una serie de pueblos silenciosos, rodeados de pinos, nogales y álamos que esconden decenas de casitas enclavadas al pie de las sierras del Velasco. La región posee un microclima ideal para dedicarse al descanso y la contemplación de la naturaleza. Las actividades que ofrece el lugar incluyen cabalgatas, trekking por las montañas y pesca de truchas en los arroyos de las quebradas. Al final del circuito, el pueblo de Santa Vera Cruz posee un extraño castillo de piedra y cemento que nos sumerge en un cuento de hadas.

La Rioja: Pueblos en la sierras del Velasco La Costa Nuestro viaje comienza en las sinuosas curvas del Faldeo del Velasco, por la Ruta Pcial. Nº 75. Estamos en la zona de La Rioja conocida como La Costa. A la vera de la ruta se extienden pequeñas llanuras cubiertas de jarillas amarillentas, con un fondo de cordones montañosos. Al comienzo del recorrido aparecen una serie de pueblitos extraviados en medio de la nada, sumidos en un absoluto silencio. Los caseríos son apenas unas cuantas viviendas de adobe con techo de paja, de aspecto abandonado, que por lo general están frente a una capilla, a veces también de adobe. La vegetación entre un pueblo y otro es apenas una achaparrada arboleda donde sobresalen los cardones, esos cactus gigantes que se elevan hacia el cielo como dedos acusadores. Gracias a sus paisajes y a su clima privilegiado, La Costa se ha convertido en una región turística ideal para el descanso. La mayoría de los pueblos tiene alrededor de ochocientos habitantes, y hay casos como Santa Vera Cruz que no supera los ciento treinta pobladores estables. Las casas están separadas unas de otras por extensas plantaciones de nogales y olivos que forman un microclima ideal en estos parajes semi-desérticos (la mayoría de los pobladores de la zona vive del cultivo de estos especímenes y de la cría de cabras). En algunos pueblos también se encuentran modernas casas de fin de semana y de veraneo, que pertenecen a gente de la capital riojana. Estas personas suelen instalarse aquí durante el verano para disfrutar de los trekking y cabalgatas por las montañas, pero por sobre todas las cosas se deleitan con el silencio y la tranquilidad que reina durante todo el año. Los pueblos Las Peñas es el primer poblado de la costa riojana, a 55 kilómetros de la capital. Lo componen una serie de casas entre enormes peñones de granito. Muchos visitantes se acercan a este paraje especialmente en el mes de enero para asistir al festival del quesillo que se realiza todos los años. Al costado de la ruta se levanta la Iglesia de San Rafael, construida con el dinero obtenido de la limosna de los viajeros. Después de atravesar el pueblo de Aguas Blancas, llegamos a Pinchas. Allí, la excusa es visitar la casa de Doña Frescura, una conocida campesina que realiza en forma artesanal los mejores tapices de la región. Al llegar a Chuquis nos sumergimos en la historia de La Rioja con la visita al museo de Pedro Ignacio de Castro Barros. El poblado que le sigue es Aminga, la cabecera del departamento Castro Barros. Aminga es un lugar ideal para ir con niños: en la granja ecológica del pueblo pueden ordeñar vacas, entre otras actividades de turismo rural. La Rioja: Pueblos en la sierras del Velasco Nuestro viaje continúa hasta la localidad de Anillaco, el único pueblo con algunos indicios de urbanidad. A diferencia de los otros pueblos, todas sus calles son asfaltadas, posee una hostería y un hotel, además de confortables casas pertenecientes a personas de clase alta de la provincia y del resto del país. Al recorrer Anillaco se debe visitar el criadero de peces, y la bodega San Huberto. Además hay muy buenos negocios de venta de productos regionales. A unos cinco kilómetros de Anillaco se encuentra Los Molinos, cuya plaza principal aún conserva los restos de dos molinos harineros del siglo XVIII, instalados por los españoles. Al recorrer los pintorescos callejones de tierra del pueblo se disfruta de la sombra generosa de los almendros, ciruelos, nogales y membrillos, que en tiempo de verano también prodigan abundante fruta para la producción de dulces artesanales. Un silencio absoluto reina por todos los rincones de Los Molinos. Sin embargo, una vez al año el sosiego del pueblo se rompe cuando sus calles son invadidas por miles de riojanos que llegan cada mes de febrero para el Festival de La Plaza. En 4 x 4 por Anjullón Juan Hermógenes Herrera es un joven de 36 años que nació y creció en Anjullón –el siguiente poblado de La Costa riojana–, y es un pionero del turismo de aventura en la región. Hace poco más de un año inauguró el camping Cóndor Cuna, que sirve de base para los circuitos de excursiones en 4 x 4, motocross, trekking y cabalgatas que ofrece a los visitantes. Con él nos dirigimos en la 4 x 4 por un ondulado camino de ripio hacia la Quebrada de Anjullón, en plena Sierra del Velasco. A nuestro costado desfilan álamos de veinte metros de altura, durazneros, nogales y sauces. Cada tanto aparece un cóndor que se divisa como un punto casi inmóvil flotando en las alturas. Avanzamos por un camino paralelo al canal de agua que baja de la quebrada, entre una profusión de plantas silvestres que crecen al costado de la vertiente.

.Finalmente llegamos al río, donde comienza el trekking. La caminata no es muy exigente y casi no hay subida, pero requiere de muchísima atención e ingenio para cruzar a los saltos, de roca en roca, sobre el agua. En ciertos lugares el arroyo forma pozones profundos donde se ven claramente las truchas nadando a toda velocidad. El río se va encajonando cada vez más, y la selva se hace también muy espesa, con enredaderas y ramas espinosas. Numerosas vertientes aparecen a los costados alimentando el cauce principal de la quebrada. La duración del paseo la determina el turista a su gusto, y muchos encuentran “su lugar” y deciden quedarse allí pescando truchas. Anjullón, como todos los otros pueblos de La Costa riojana, carece de vida nocturna salvo en los festivales o las guitarreadas que se arman en el camping Cóndor Cuna en las noches de verano. Aquí la consigna es muy sencilla e intimista: entregarse al sosiego y la contemplación de la naturaleza, tratando de sintonizar con el ritmo de la vida pueblerina de los costeños. Dejando atrás Anjullón transitamos un camino de subidas y bajadas que se acerca cada vez más a la montaña. A esta altura los cactus ya conforman una multitud que parece bajar del cerro en procesión. El camino nos lleva directamente hasta los pueblos de San Pedro y Santa Vera Cruz, el último poblado de La Costa riojana. El pueblo del castillo Al llegar a Santa Vera Cruz lo primero que se percibe es un ambiente silencioso con aroma a verde. El pueblo está rodeado de nogales, álamos, pequeños arroyos, y por sobre todas las cosas, un profundo verdor que avanza por todos los recovecos. Las casas están muy espaciadas unas de otras, con extensos jardines adelante y a los costados. La exuberancia de las flores parece ser el elemento común de la decoración en este pueblo: campanitas blancas, lilas y violetas; crisantemos rosados y fucsias, y cantidades de hortensias y dalias. La Rioja: Pueblos en la sierras del Velasco En medio de un gran valle, el pueblo se despliega sin mayores simetrías a través de callecitas de tierra que suben y bajan al antojo de las ondulaciones del terreno. La columna vertebral de Santa Vera Cruz es el camino principal –y el único pavimentado– que atraviesa el pueblo de punta a punta. Todos los demás son senderos de tierra con túneles de árboles que terminan al pie de la montaña. Subiendo por la calle principal llegamos a la plaza del pueblo cubierta por un colorido jardín de flores y árboles. Al frente se levanta la Iglesia, construida íntegramente de piedra por los propios habitantes del pueblo. El pueblo tiene un poco más de ciento veinte habitantes que poseen la amabilidad característica de la gente que vive separada de los centros urbanos. Aquí se puede realizar caminatas al costado del canal que baja de la quebrada como un tobogán de agua torrentosa. En el trayecto, nogales y cardones en flor, con el cerro del Velasco de fondo, componen una postal perfecta de La Rioja. La mejor opción es recorrer primero el pueblo y terminar la visita con la compra de nueces y vino cocido, una variedad de vino artesanal que se realiza con el jugo de la uva hervida y concentrada. Un viaje a Santa Cruz se completa con la visita al castillo de Dionisio Aizcorbe, un ermitaño octogenario oriundo de la provincia de Santa Fe. Llegó a este paraíso riojano hace más de dieciocho años en busca de paz y silencio. Su cabellera blanca sobrepasa los hombros, y una frondosa barba desteñida por el paso de los años se extiende hasta el pecho. El ceño fruncido, la mirada aguda, su voz clara y pausada, revelan el perfil de un hombre que asumió un proyecto de vida diferente. Dionisio habita en un castillo construido por él mismo, que se ha convertido en uno de los principales atractivos del lugar. Esta particular morada se levanta al pie de los cerros, en las afueras de Santa Cruz, rodeado de álamos, sauces, nogales y cardones que en los días de lluvia se cubren de flores blancas, amarillas y rojas. A la orilla del castillo corren los canales de riego que bajan de las sierras del Velasco. La construcción de la extraña fortaleza es de forma rectangular, hecha de cemento y piedra de siete metros de ancho y cinco de alto. Al llegar al lugar, lo primero que llama la atención es la puerta de acceso. Se trata de un portón de hierro revestido con cemento y en el arco superior hay una leyenda que reza: “Homenaje a Vincent Van Gogh”. Encima de ella hay unas aspas de molino pintadas de color amarillo, naranja y ocre, similar a los molinos que inspiraron a Van Gogh. Luego de atravesar el portón principal desembocamos en un pequeño jardín con diferentes esculturas. Del lado derecho está la figura de buda junto a otras esculturas orientales. Al frente, la representación del vía crucis. Este acceso continúa por un pasadizo de columnas, rematado en el techo por una escultura de un barco vikingo que nos conduce hasta la puerta de entrada al castillo. Todas las paredes externas de la casa de Dionisio están cubiertas por diferentes esculturas, y una de las fachadas tiene tallada una serie de dibujos con forma de máscaras de color rojo, negro y blanco con reminiscencias africanas. Las salas interiores son espacios reducidos cuyas puertas y ventanas tienen una forma asimétrica, y algunas de ellas poseen armoniosos vitraux. Dionisio vive totalmente solo en los laberintos de su castillo, donde habita como si fuese un duende que se escapó de un cuento de hadas. Pero en definitiva sólo se trata de un hombre que aspira a un mundo distinto y libre, que se anima a construir su castillo –extraño pero no de arena– y a conquistar la realidad de un sueño.

Nota.Sandra Bonetto y Julián Varsavsky

MAS INFORMACION www.larioja.gov.ar



Catamarca

CATAMARCA — Escrito por visita @ 09:15

UBICACION

La provincia de Catamarca se encuentra ubicada en la Región Noroeste de la República Argentina, y sus límites son: al Norte la provincia de Salta; al Este las provincias de Tucumán y Santiago del Estero; al Sur Córdoba y La Rioja; y al Oeste la República de Chile por medio de la Cordillera de los Andes. Tiene una superficie de 102.602 kilómetros cuadrados. Su situación astronómica aproximada es: entre los 25° 12' y 30° 40' de latitud Sur y desde los 64° 55' hasta los 69° 28' de longitud Oeste.

CLIMA

Por: Dr. Herminio Elio Navarro

Según el diccionario geográfico el clima es: "El conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan una región". "La acción combinada de los agentes determinantes y modificadores que establecen el estado medio de la atmósfera en un lugar determinado de la superficie terrestre". Para determinar el clima se hacen mediciones de los estados del tiempo en las que se contemplan las precipitaciones, evapora ción, temperaturas, vientos, heliofanía, presión, humedad, etcé tera. Los datos obtenidos se promedian y se asientan en planillas de registros diarios, mensuales y anuales. Se necesitan largos períodos de observación para lograr con mayor certeza hacer la caracterización climática de un determina do lugar, en otras palabras, para lograr su identidad climática. Lo correcto es trabajar con períodos de más o menos cincuenta años, aunque hay regiones en las que existen áreas de las que no se tienen registros. No debemos olvidar que dentro de una región, que responde a un tipo de clima de cualquier clasificación existente, encontra mos microclimas formados por variaciones en el tipo de relieve (llanos, bolsones, cordones montañosos, etcétera), distancia al mar o latitud. Basándonos en la clasificación de Dauss y de García Gache, que contempla cuatro categorías climáticas (Climas Cálidos, Climas Templados, Climas áridos y Climas Fríos), la provincia de Catamarca presenta tipos correspondientes a las categorías

* CLIMAS ARIDOS del tipo Tropical Serrano

* CLIMAS ARIDOS del Andino Puneño

* CLIMAS ARIDOS de Sierras y Bolsones

Balcones del Valle:

Situado en el sureste de la geografia catamarqueña, el Valle Central es el punto casi exclusivo elegido por los turistas para comenzar su visita a nuestra provincia. Formado por los departamentos Capital, Valle Viejo, Fray Mamerto Esquiú y Capayán, esta region brinda al viajero en recorrido histórico y paisajístico, que ofrece como puntos culminantes los balcones de la Cuesta de El Portezuelo y el impactante dique Las Pirquitas.

Cumbres Nevadas de Aconquija:

En la ladera occidental del Cordon Ambato son comunes los vegetales agrícolas, El Manchao domina la primera parte del recorrido. A 1.350 m.s.n.m. se arriba a Aconquija, uno de los lugares mas bellos de Catamarca. La villa esta asentada a los pies del cerro homónimo, de permanentes cumbres blancas. Las estancias del lugar brindan una amplia oferta de actividades de turismo de aventura, como safaris fotográficos, cabalgatas y pesca de altura.

Cumbres y Valles de Ambato:

Con la vigilancia del cerro El Manchao (4.400 m.s.n.m.) los paisajes del Departamento Ambato se aunan en un circuito de pintorescas villas turísticas con adecuada infraestructura para el visitante. Ideal para el turismo alternativo y la practica de enduro, mountain bike y parapentismo, el recorrido finaliza en el dique Las Pirquitas, el mas grande de la provincia, apto para todo tipo de deportes náuticos.

Las Huellas del Inca:

Próxima a Londres, la segunda localidad más antigua del país y cabecera del departamento Belén, se encuentra el Shincal de Quimivil, un parque arqueologico monumental construido y habitado por los inkas entre 1470 y 1536, respetando el trazado urbano del Cuzco. Enmarcado por un extraordinario paisaje, comprende más de un centenar de recintos agrupados en edificios monumentales

Paisajes y poblados de la Puna:

Ubicada en la Región Andina, la puna es el sitio más despoblado de la tierra, pero tambien uno de los más enigmáticos y sorprendentes. Enclavada a mas de 3500 m.s.n.m., representa la zona más virgen de Catamarca y la Argentina. En su morfología volcánica ostenta numerosos conos de mas de 600 m., campos de lava y cerros con medanos ideales para 4x4, enduro, mountain-bike, andinismo, ademas de safaris fotograficos y pesca de altura.

Paso de San Francisco:

El corredor internacional Paso se San Francisco representa una vía singular de integración e intercambio económico, turístico y cultural con el pacífico. Las estrechas gargantas rocosas por donde pasa lal ruta son magnificadas por una multitud de cerros de mas de 6.000 m. de altura, que hacen a esta zona la segunda más alta del mundo despues del cordón del Himalaya.

Sierras y Lagos del Este:

En el trayecto predomina un verde de vegetacion exhuberante ya reconocible desde los estratégicos paradores de la Cuesta del Portezuelo, la postal más típica de la provincia. Las villas turísticas del este cuentan con microclimas y atractivos recursos naturales. Los numerosos diques de la zona ofrecen una exelente pesca.

MAS INFORMACION turismocatamarca@cedeconet.com.ar



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