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Moniciones y Homilía para el XVIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

General — Escrito por dvasquezmorales @ 13:29

Moniciones y Homilía para el XVIII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo C

Moniciones: http://www.scalando.com/moniciones/cicloC/ordinario/xviiidomingo.htm

Homilía: http://www.scalando.com/palabra/cicloC/ordinario/xviiidomingo.htm



Novedades en SCALANDO

General — Escrito por dvasquezmorales @ 21:15

Reflexión sobre la parábola del hijo pródigo

http://www.scalando.com/Moralia/Eduardo/reflexion%20sobre%20el%20hijo%20prodigo.htm

Vida joven y consagrada http://www.scalando.com/Noticias/vida%20voven%20y%20consagrada.htm

Moniciones dominicales http://www.scalando.com/moniciones/CicloC/index.htm

Moniciones diarias http://www.scalando.com/moniciones/diarias/C/index.htm

Homilía para el domingo http://www.scalando.com/palabra/CicloC/index.htm

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Inmaculada Concepción de María

Moniciones — Escrito por dvasquezmorales @ 17:01

Inmaculada Concepción de María

8 de diciembre 2006

Saludo de entrada:

En el contexto litúrgico del adviento celebramos esta fiesta de la Inmaculada Concepción de María, patrona de la Congregación del Santísimo Redentor (Los Redentoristas). El de adviento, sin lugar a dudas es el lugar litúgico de lo mariano, pero en este tiempo se entiende mejor el significado de María. El día 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX definía que la Virgen María, por gracia y privilegio de Dios, fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción. Les invito para que se pongan de pie para empezar, cantando, esta liturgia en honor a María, nuestra Madre.

Primera lectura: Gén 3, 9-15.20 (Primer pecado y primer anuncio de salvación)

Escucharemos a continuación un relato del libro del Génesis; éste nos indica que el origen de esa situación tan negativa es que el ser humano ha querido traspasar sus límites y ocupar el lugar de Dios: en vez de gozar el paraíso que él le había regalado y de seguir sus indicaciones; ha querido decidir por el mismo dónde estaba el bien y dónde estaba el mal. Escuchen, atentos este pasaje.

Segunda lectura: Ef 1, 3-6.11-12 (Dios nos eligió en la persona de Cristo)

En Jesucristo todos son invitados a participar de la vida de Dios. Por eso los creyentes son llamados a menudo “los santos”. Otro lenguaje habitual en el Nuevo Testamento para expresar esa misma realidad es el de la filiación, presente en el himno de la carta a los efesios, de donde está tomada la lectura que a continuación vamos a escuchar.

Tercera lectura: Lc 1,26-38 (Alégrate, María, llena de gracia)

Escucharemos el episodio del anuncio del nacimiento de Jesús, narrado por san Lucas. María reconoce la mano de Dios en estos acontecimientos y se muestra dispuesta a cumplir su voluntad. De pie, por favor, para escucha esta Buena Noticia, pero antes entonemos el Aleluya,

Oración de los fieles

A cada petición responderemos diciendo: “Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros”

1. Por la Iglesia que peregrina en este mundo con la esperanza de la gloria que un día se nos descubrirá; en comunión con María, Madre de la Iglesia. Roguemos al Señor.

2. Por la unión de las Iglesias divididas por el pecado; en comunión con María, madre de todos los creyentes en Cristo. Roguemos al Señor.

3. Por los enfermos, los moribundos, y por todos los que se encuentran en cualquier necesidad; en comunión con María, salud de los enfermos y consuelo de los afligidos. Roguemos al Señor.

4. Por nosotros que nos disponemos a celebrar la liturgia de la mesa eucarística, anuncio del banquete del reino eterno; en comunión con María, intercesora nuestra ante su Hijo Jesús. Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra cada domingo, San Pablo, España, 1993, p. 606)

Hoy te bendecimos, Padre, por Santa María Virgen,

La llena de tu gracia y favor, la madre inmaculada de Jesús;

Y unimos la espera y la esperanza de la venida de Cristo

Al recuerdo de su Madre bendita, que es toda ella adviento.

María es la mujer nueva que con Cristo, el hombre nuevo,

Refleja la nueva humanidad, restaurada a su hermosura primera,

Tal como salió de tus manos creadoras al amanecer el invierno.

Ella es también la mujer creyente, en quien colmas de bienes

A los humildes, mientras despides vacíos a los ricos engreídos.

Por todo ello, y porque en Cristo nos hiciste hijos tuyos

Para alabanza de tu gloria, ¡bendito seas por siempre, Señor!

Amén.

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

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Monición para el II Domingo de Adviento Ciclo C

Moniciones — Escrito por dvasquezmorales @ 16:55
Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Tiempo de Adviento

II Domingo – Ciclo C (La salvación de Dios)

10 de diciembre del 2006

Monición de entrada

Buenas noches, días (tardes) hermanos en Cristo. La Iglesia, en la liturgia de este segundo domingo de Adviento, nos invita a continuar nuestra preparación para la venida del Señor. En la vida diaria encontramos obstáculos que nos impiden caminar hacia el Padre. San Juan Bautista nos invita a la conversión para recibir así la salvación que nos trae nuestro Señor Jesucristo. De pie, por favor, para recibir la procesión con esperanza y alegría mientras entonamos el cántico de entrada.

Primera lectura: Baruc 5, 1-9 (Dios mostrará su esplendor sobre ti)

Israel ha sido deportado a Babilonia y allí el pueblo se consume en la aflicción del destierro. El profeta Baruc dirige su mensaje a los desterrados para darles fuerza y ánimo con las promesas mesiánicas. Escuchemos.

Segunda lectura: Fil 1, 4-6. 8-11 (Manténgase irreprochables para el día de Cristo)

Como los cautivos en la primera lectura, nosotros también somos peregrinos caminando hacia Dios. San Pablo, a través de la carta a los filipenses, nos exhorta a crecer en amor fraterno a fin de que estemos más preparados para la venida de Cristo. Escuchemos.

Tercera lectura: Lc. 3, 1-6 (Todos verán la salvación de Dios)

En el segundo y tercer domingo de adviento, oiremos al predicador del desierto, Juan Bautista. Él proclama el arrepentimiento y cambio de vida como preparación para la venida de Cristo. De Pie por favor.

Oración Universal

Por el Papa N, los obispos, sacerdotes y diáconos; para que a ejemplo de Juan Bautista, prediquen el perdón de los pecados y la reconciliación de los hombres con Dios, Roguemos al Señor.

Por toda la iglesia; para que sea signo luminoso del advenimiento de Cristo al mundo, Roguemos al Señor.

Por todos los cristianos; para que hagamos un esfuerzo grande en la preparación espiritual durante este adviento, Roguemos al Señor.

Por los enfermos, los marginados, los ancianos y los necesitados; para que en su lento caminar encuentren en nosotros la ayuda necesaria para llegar hasta Dios, Roguemos al Señor.

Por nosotros; para que nos ayudemos mutuamente a preparar el camino para la venida del Mesías, Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 417)

Peregrinos en el desierto de la vida, te bendecimos,

Dios de la liberación, con todas las fuerzas que nos quedan,

porque tu aurora despunta en la raya de nuestro horizonte.

Líbranos, Señor, de estancarnos en el engañoso oasis del pasado,

y haz que caminemos hacia el futuro con pleno realismo,

discerniendo el azaroso presente y los valores de tu reino,

porque tan estéril resulta un ciego conservadurismo a ultranza

Como hacer, por sistema tabla rasa de todo el pasado.

Manténnos firmes, Señor, en la tentación y el equilibrio

de una esperanza inquieta y de un amor joven y activo,

para convertir nuestro corazón a los valores de tu reino.

Amén.

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

La Redención en la espiritualidad de San Alfonso. Hoy no es fácil hablar de la redención que Cristo nos ha alcanzado. Para muchos no tiene sentido hablar de redención porque no tenemos de qué ser redimidos; la redención es vista como una respuesta que no tiene pregunta. Leer el artículo completo.

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Homilía para hoy

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Homilía para el II Domingo de Adviento Ciclo C

En Camino — Escrito por dvasquezmorales @ 16:28

EN CAMINO

Tempo de Adviento, ciclo “C”

10 de diciembre de 2006, Primer Domingo

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR. Fuente: www.scalando.com

1ra lect.: Bar 5,1-9 Sal 125, 1-6 2da lect.: Flp 1,4-6.8-11 Evangelio: Lc 3,1-6

La salvación de Dios

Baruc es un antiguo libro deuterocanónico[1] escrito probablemente por judíos que vivían en Alejandría entre los siglos II y I a.C. Para su elaboración se valieron de algunos manuscritos hebreos originales. El libro hace referencia simbólica a los judíos exiliados en Babilonia y a Baruc, amigo y secretario del profeta Jeremías, quien es puesto como su autor.

El fragmento que leemos hoy es un bello poema que canta con júbilo la hora en la que Dios va a salvar a su pueblo y a transformar totalmente su historia, de tal manera que todos puedan ser testigos de su obra. Jerusalén es presentada como una Madre que viste de luto por sus hijos deportados. Realidad que cambia cuando Dios mete su mano y hace que sus hijos vuelvan libres y llenos de gloria.

En la tradición bíblica se ponían nombres no porque les pareciera sonoro o por hacer honor a algún personaje farandulero, como suelen hacerlo hoy algunos padres despistados. Lo hacían teniendo en cuenta una ocasión, un acontecimiento o una circunstancia. Para manifestar la esperanza en transformación de una realidad, o para darle identidad y misión a una persona o grupo social. Por eso Noemí que, significa bien amada de Dios, se cambió el nombre cuando había perdido la esperanza y veía que todo era amargura: entonces se llamó Mara que significa amargada (Rut 1,20-21). Isaac recibió su nombre como consecuencia de la risa de sus padres (Gn. 17.17; 18.12; 21.3–7). Samuel, como consecuencia de las oraciones de su madre (1 S. 1.20)… Hay muchísimos ejemplos.

Baruc (que significa bendito), dice que Dios le va a cambiar de nombre a esa madre enlutada y la llamará: “Paz en la justicia y gloria en la piedad.” Cambiar el nombre es cambiar la historia, es hacer posible una transformación integral de toda una situación vivida por una persona o por un pueblo. Por eso la invita a despojarse del luto y a vestirse de gala porque la gloria está cerca.

El evangelio de hoy empieza como suelen empezar los libros proféticos: con una ubicación socio – histórica. Se trata de una época dominada por el sanguinario imperio romano, con el emperador Tiberio a la cabeza y Poncio Pilato como gobernador de Judea. Contaban con la complicidad (pragmatismo dirían hoy para distraer la atención) de los tres hijos de Herodes: los reyezuelos Antipas, Filipo y Lisanias, arrodillados ante Roma y con el cuchillo en el cuello de los pobres. ¡Y claro! No podía faltar lo religioso vendido al poder, como elemento ideológico justificador. Allí estaban Anás y Caifás, como sumos sacerdotes; alta dignidad que vendía Roma al mejor postor y a quien más colaborara para sus intereses en mantener el poder. Como ha sucedido muchas veces, la religión estaba en manos de inescrupulosos que traficaban con lo sagrado y jugaban con la dignidad de todo un pueblo. ¿Dónde estaba Dios?

Juan, por ser hijo del sacerdote Zacarías, por ley debía ser sacerdote y trabajar en el templo de Jerusalén. Se suponía que los sacerdotes eran quienes vivían más cerca de Dios, ya que trabajaban en el templo. Pero Zacarías en cambio no creyó cuando el ángel del Señor le anunció que iba a tener un hijo a pesar de su ancianidad y de la esterilidad de su esposa Isabel. Por no creer, quedó mudo. Así como Zacarías estaban los sacerdotes del templo de Jerusalén: mudos. No podían hablar con libertad; su alta dignidad y su pertenencia a una clase privilegiada los obligaba a mantenerse al margen de toda la problemática real del pueblo, para evitar que los romanos se metieran con ellos y destruyeran su negocio: el templo.

Juan renunció al privilegio de ser sacerdote del templo de Jerusalén; lo cual había significado la posibilidad de llevar una vida tranquila y con una economía medianamente estable. ¡Pero eso sí!, tenía que mantener “el pico” cerrado.

Pues no sabemos si fue porque a Juan le picaba la lengua o porque de verdad hizo una opción radical motivado por el Espíritu. Pero nuestro amigo Juan no aceptó vivir con “el pico” cerrado. Se fue para el desierto. Y fue precisamente allí, en el desierto, donde Dios se le manifestó. No fue en el templo de Jerusalén. En el templo no creían en él, estaban muy ocupados en sus negocios para escucharlo. Aplicaban muy el famoso adagio que dice: “entre Dios y el dinero, el segundo va primero”.

En medio de esa humillación y del abandono que padecía el pueblo, Dios se hizo presente y tomó parte en su historia para transformarla y convertirla en historia de salvación. Dice el texto: “Dirigió Dios su palabra a Juan hijo de Zacarías, en el desierto.”

Baruc y Juan eran profetas del desierto. Es decir profetas que hablaban desde la crisis que generaba un orden “perfecto”. Una estructura de poder que empobrecía a mucha gente, y la condena a sobrevivir en la miseria para satisfacer la insaciable sed de lucro, poder, placer y lujos de los ciudadanos romanos y sus más cercanos colaboradores en las diferentes colonias.

El pueblo vivía humillado, de luto, “adolorido de tanto sufrir”, como dice la canción. En medio de esa crisis, una voz gritó en el desierto: la voz de Dios que nunca abandona a sus hijos. Esa voz hace una promesa: la salvación; y una propuesta: la conversión.

Según lo anuncia Juan Bautista, la salvación es universal y gratuita. Pero es necesario generar una dinámica de reflexión y conversión, para permitir que llegue. La invitación de Baruc y la del Bautista, quien se vale de Isaías (Is 40,3ss), son similares: ¡Preparen el camino del Señor! ¡Ábranle vías rectas! Toda hondonada debe rellenarse, todo cerro y colina rebajarse. Que lo torcido se enderece, que se allanen los senderos escabrosos. Y verán todos los mortales la salvación que trae Dios.”

En este adviento vale la pena preguntarnos qué opciones debemos tener como Iglesia. Qué cerros debemos rebajar, qué caminos enderezar y qué hondonadas rellenar. Tal vez tengamos orgullo, prepotencia, inconciencia, complejos, en fin… tantas limitaciones humanas para transformar. Tanto desequilibrio que genera muerte, tanta injusticia personal y estructural, tantas y tan escandalosas desigualdades en nuestra sociedad.

Estamos urgidos de conversión hacia valores distintos a los propuestos por el imperio. Estamos urgidos de relaciones sociales e interpersonales dignas y justas. Ayer dominaron Tiberio y Pilato, Antipas, Filipo y Lisanias, Anás y Caifás. Hoy el puesto lo tienen otros.

Ayer el Bautista recorrió toda la región que está a lado y lado del Jordán despertando la conciencia de la gente. Hoy necesitamos profetas y el turno es para nosotros. Como Iglesia tenemos que convertirnos en la voz que clama en el desierto. Si la Iglesia se limita a celebrar misas y a excomulgar a quienes piensan distinto; si no sale de los templos y se va al desierto donde el pueblo sufre y clama justicia, se parecerá cada vez más a Anás y a Caifás, o al mudo Zacarías.

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Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)

Moniciones y oración Universal

Viviendo un buen ADVIENTO para una feliz NAVIDAD: http://www.scalando.com/Liturgia/adviento.htm

Nuevo Artículo: La redención en la Espiritualidad de San Alfonso por Noel Londoño, C.Ss.R. http://www.scalando.com/espiritualidad/redencion.htm

Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm

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Moniciones para el domingo 10 de diciembre de 2006

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[1] Los libros deuterocanónicos fueron escritos por judíos fuera de Palestina, normalmente en lengua griega. No son aceptados por la tradición judía ni por las iglesias cristianas protestantes, quienes los consideran apócrifos. Las iglesias cristianas de tradición ortodoxa y católica, los tienen dentro del canon oficial.



Monición para el I Domingo de Adviento Ciclo C

Moniciones — Escrito por dvasquezmorales @ 03:10
Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Tiempo de Adviento

Primer Domingo – Ciclo C (Se acerca nuestra liberación)

3 de diciembre del 2006

Monición de entrada

Buenas noches, (días, tardes) hermanos en Cristo. Comenzamos un nuevo año litúrgico, y es san Lucas quien con su evangelio nos va a servir de guía en nuestro intento de llegar a Jesús. Nuestro mundo actual está hecho de violentos contrastes. Los maravillosos progresos de la tecnología no van al paso con lo que parece ser un estancamiento o retroceso de la cultura y la moral. Este mundo podría ser mejor, pero sólo Dios le dará la perfección total al fin de los tiempos, porque ni la vida personal ni la manera de ver el mundo tiene sentido si no damos cabida a Dios entre nosotros. Cristo vino una vez como salvador y creemos que vendrá otra vez como juez. Hasta entonces nos toca responder a las exigencias y retos de la historia. El Señor nos manda a vigilar en la oración para recibirle cuando venga. Vigilancia es reflexión y oración, es fuerza. Pidamos unos por los otros en esta Eucaristía, para poder prepararnos para acoger al Señor en la intimidad del amor. De pie por favor para recibir la procesión con esperanza y alegría con el cántico de entrada.

Primera lectura: Jr, 33:14-16 (Suscitaré a David un vástago legítimo)

Los reyes históricos decepcionaron las esperanzas que en ellos había puesto el pueblo. Pasaron sin establecer el reino de justicia y de paz anhelado por todos. El Mesías esperado descendiente de David, vendrá y revelará a Dios, que verdaderamente es nuestra justicia. Escuchemos.

Segunda lectura: 1 Tes.3, 12-4.2 (El Señor los fortalezca para cuando vuelva Jesús)

La esperanza cristiana se abraza con el amor en su dimensión universal, llegando más allá de toda frontera, de toda discriminación y de todo condicionamiento. Presten atención.

Tercera lectura: Lc. 21. 25-28.34-36 (Se acerca su liberación)

La esperanza cristiana sobresale por encima de todas las tragedias humanas. Los cristianos debemos aprender a interpretar los momentos más difíciles de nuestra historia como pasos que nos llevan a la liberación. Tras ésta interpretación optimista, debemos buscar afanosamente la manera concreta de hacerla realidad. De Pie por favor.

Oración Universal

Por la Iglesia; para que, en medio de la injusticia de este mundo, sepa anunciar al que viene: el “Señor-nuestra-justicia”, Roguemos al Señor.

Por los gobernantes; para que, procurando el bien común, defiendan los derechos de todos y principalmente de los más débiles, Roguemos al Señor.

Por los que están angustiados, en trance de desesperación; para que encuentren junto a ellos una mano amiga, que los levante, y sientan cercana la liberación, Roguemos al Señor.

Por todos los difuntos, especialmente los de nuestra parroquia; para que pronto lleguen a la presencia de Dios vivo, Roguemos al Señor.

Por los jovenes de nuestras comunidades y parroquia; para que sepan responder con generosidad a la llamada de Dios a seguirle en la vida religiosa y sacerdotal, Roguemos al Señor.

Por nosotros y por todos los que comparten nuestra esperanza; para que, amándonos unos a otros, procedamos siempre agradando a Dios y, cuando venga el Señor Jesús, podamos presentarnos santos e irreprensibles ante él, Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 414)

Gracias, Señor, porque al comienzo del adviento

nos das un cariño y amigable toque en el hombro

a fin de despertarnos de nuestra habitual somnolencia:

¡Estén alerta porque es inmediata su liberación!

¡Gracias! Tú eres la única esperanza que no nos defrauda.

Haznos capaces de mantener cada día la tensión del amor

que vela trabajando, sin permitir que se nos embote la mente

con el vicio, el egoísmo, la soberbia y la ambición.

Queremos vivir preparados, esperándote siempre alegres,

como si cada día fuera el definitivo para tu esperada venida.

Así aprobaremos el examen final del curso en marcha.

Amén.

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

La Redención en la espiritualidad de San Alfonso. Hoy no es fácil hablar de la redención que Cristo nos ha alcanzado. Para muchos no tiene sentido hablar de redención porque no tenemos de qué ser redimidos; la redención es vista como una respuesta que no tiene pregunta. Leer el artículo completo.

Una meditación para cada día del mes http://www.scalando.com/meditaciones.htm

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Homilía para hoy

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Homilía para el I Domingo de Adviento Ciclo C

En Camino — Escrito por dvasquezmorales @ 02:56

EN CAMINO

Tempo Ordinario, ciclo “B”

26 de noviembre de 2006, Trigésimo Cuarto Domingo:

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR. Fuente: www.scalando.com

1ra lect.: Jr 33,14-16

Sal 24,4-5.8-10.14

2da lect.: 1Tes 3,12-4,2

Evangelio: Lc 21,25-28.34-36

Se acerca nuestra liberación

Empezamos un nuevo año litúrgico con el tiempo de adviento. Adviento es advenimiento. Es un tiempo de atención y espera de algo bueno que está por llegar. Durante estas cuatro semanas la liturgia nos ayudará a prepararnos para vivir intensamente la celebración de la natividad del Señor.

La primera lectura pertenece al ministerio profético de Jeremías durante un periodo muy difícil como lo fue la conquista de Jerusalén por parte de las tropas de Nabucodonosor II, rey de Babilonia en el 586 a.C. Su vida profética la había empezado hacia el año 627 a.C. Durante los primeros años de su vida profética gozó de la protección de sus amigos de la cohorte real, a quienes apoyó y legitimó. Pero nunca su vida y su ministerio fueron tan auténticos como cuando fue capaz de revelarse ante los poderosos porque sus acciones no producían bienestar para el pueblo. Fue entonces cuando le vinieron las desgracias, y el hálito reverencial del que gozaba se esfumó como espuma que lleva el mar. Lo arrestaron, le prohibieron hablar en público y lo lanzaron a una cisterna que hizo las veces de calabozo. Durante el tiempo de la guerra lo consideraron traidor y enemigo del pueblo.

Después de la destrucción de Jerusalén, vino la famosa cautividad o el exilio babilónico hasta el año 538, cuan Ciro, rey de Persia los dejó marchar. Fue una época de desolación para quienes deportaron a Babilonia, para quienes huyeron a Egipto, así como para quines les permitieron quedarse en Palestina. El pueblo libre e independiente había desaparecido y estaba partido en tres. Ante esa realidad, Jeremías levantó su voz para ayudar al pueblo a tomar conciencia de su situación y para decirle que Dios no lo había abandonado.

Para Jeremías, Dios iba a mostrar el amor por su pueblo, haciéndolo volver a su tierra e impulsando la reconstrucción de los campos y de las ciudades. Mandando un rey justo, no como los que produjeron la crisis que los llevó a la cautividad, sino como el rey David, a quien todos recordaban con un reinado próspero. Para legitimarse como tal, el rey debería implantar la justicia y el derecho en el país.

En el evangelio nos encontramos otra vez con un texto escrito en literatura apocalíptica, muy similar al que estudiamos hace dos domingos, en la versión de Marcos. Este fragmento del evangelio de Lucas no anuncia catástrofes o destrucción del mundo. Es una toma de conciencia, a la luz de la fe en Jesús resucitado, de la grave situación por la que pasaban. El contexto es el mismo que vimos con el pequeño Apocalipsis de Marcos, aunque el texto de Lucas es posterior ya que se escribió después, durante los años 70 y 80 d.C. Hablamos de la guerra judía, acontecida durante los años 66 al 70 d.C., cuando las tropas comandadas por Tito Flavio Vespasiano, legado del emperador romano, destruyeron el país como represalia al levantamiento celote[1].

Fueron tiempos difíciles ya que los romanos destruyeron todo. La situación la representa el evangelio cuando habla de la angustia y la desesperación que produce el estruendo y el oleaje del mar. El mar para ellos era el lugar donde habitaba el Leviatán, mítico monstruo marino capaz de destruir todo. Desde el mar llegaron las invasiones griegas, fenicias, romanas, etc., que los había dominado. Por eso el mar era signo de opresión, peligro y muerte. El sol, la luna y las estrellas, simbolizan a los poderosos que se erigían como hijos de los astros para infundir respeto.

Eso generó una crisis muy tremenda en el pueblo: destrucción, hambre, miedo, ansiedad, desolación y muerte. Realmente la gente quedó sin alientos por el terror y la expectativa que amenazaba la tierra y por los poderosos quienes, al ser atacados, sintieron tambalear su poder y reaccionaron con más violencia y destrucción.

Ante una situación crítica, ayer como hoy, mucha gente se desespera, cae en el sinsentido de su existencia y es fácil presa de los vicios y de los agobios de la vida. Surgen también líderes mediáticos que prometen cielo y tierra, pero en el fondo son explotadores y oportunistas, vendedores de ilusiones e ídolos que embotan la mente y agudizan más la crisis.

El evangelio no oculta la situación crítica, pues no es un opio que adormece, sino un grito a la conciencia para que descubra a fondo la dura realidad; pero no cae en el pesimismo de ver en la tragedia un viaje sin retorno. Evangelio significa Buena Noticia y una buena noticia no puede ser trágica. Aquí la buena noticia es que en medio de la tragedia por la que pasaban, Dios se hacía presente para salvar a su pueblo. La Figura del Hijo del hombre, es aplicada a Jesús, vencedor de la muerte. La acción de Jesús resucitado al interior de las personas y de las comunidades, era motor que impulsaba los cambios necesarios, la razón para vivir en esperanza y la certeza de una liberación duradera. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con poder y gloria inmensa. Cuando comiencen a suceder estas cosas, levántense con la frente erguida, porque se acerca su liberación.”

Necesitamos estar vigilantes para descubrir las crisis que atacan nuestras familias, nuestras iglesias y nuestra sociedad en general. Vigilantes y cuidadosos con los engañadores que aprovechan para pescar en río revuelto. Vigilantes y en actitud de esperanza activa porque Dios se hace presente para salvarnos. Necesitamos, como nos decía la carta a los tesalonicenses que leíamos en la segunda lectura: amor unos con otros y firmeza de espíritu para ser santos e irreprensibles. “Mi alma espera en Señor, espera en su palabra”, repetíamos en el salmo de respuesta.

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Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)

Moniciones y oración Universal

Viviendo un buen ADVIENTO para una feliz NAVIDAD: http://www.scalando.com/Liturgia/adviento.htm

Nuevo Artículo: La redención en la Espiritualidad de San Alfonso por Noel Londoño, C.Ss.R. http://www.scalando.com/espiritualidad/redencion.htm

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Moniciones para el domingo 26 de noviembre de 2006

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[1] La guerra fuerte duró hasta el 70. Pero los celotes conservaban su refugio en unas cuevas, llamadas la fortaleza de Mashada. Desde allí hacían pequeños asedios hasta que en el 73 d.C. fue desmantelada la fortaleza. Los romanos taparon todas las salidas de la fortaleza y los hicieron pasas hambre hasta que entraron con el fin de tomarlos presos o persuadirlos que se rindieran, pero los celotes prefirieron el suicidio antes que rendirse. Hoy los celotes son considerados héroes nacionales por los judíos y cada año se conmemora su deceso con honores.

 (Más)

Moniciones para el XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B. Solemnidad de Cristo Rey del Universo

Moniciones — Escrito por dvasquezmorales @ 02:58
Moniciones para a Misa

Por Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

Tiempo Ordinario

Trigésimo Cuarto Domingo – Ciclo B

26 de noviembre del 2006

Solemnidad de Cristo Rey

Monición de entrada

La celebración de Jesucristo, Rey del Universo, cierra el año litúrgico con el acento escatológico y apocalíptico propio de los últimos domingos. Cristo es el Alfa y la Omega, es decir: el principio, el centro y el fin de la historia humana que Dios convierte en historia de salvación. Cristo se manifestó ante Pilato; es Él quien nos revela al Padre. Vivamos en esta Eucaristía el gran gozo de tener a Cristo como testigo de la Verdad que nos guía hacia el Padre. Hermanos y hermanas cantemos con ánimo.

Primera lectura: Dt 7, 13-14 (Su poder es eterno, no cesará)

La primera lectura nos describe una visión de Daniel. Entre las nubes aparece un hombre a quien se le da poder, honor y reino. Nuestro autor identifica a este Mesías con el líder del pueblo de los santos. Luego el Nuevo Testamento identifica a este Hijo de Hombre con Jesús. Escuchen hermanos y hermanas.

Segunda lectura: Ap 1, 5-8 (Cristo ha hecho de nosotros un reino de sacerdotes)

En la segunda lectura tomada del libro del Apocalipsis vemos a Cristo como el Testigo fiel de Dios, el resucitado y el Rey Todopoderoso. Sigue una alabanza de la obra redentora de Cristo y una proclamación de su venida en gloria. Les invito a que nos dejemos penetrar por la grandeza y majestad de Jesucristo.

Tercera lectura: Jn 18, 33.37 (Tú lo dices: soy rey)

La lectura evangélica de hoy, según San Juan, Cristo afirma claramente su realeza. A la vez dice que ha venido a revelar o dar testimonio de la Verdad. Su reino no es como los reinos de la tierra, sino que es un reino nacido de la humillación, del sufrimiento y de la muerte, del servicio a la Verdad. Vamos a escuchar este diálogo sobre nuestro Rey, pero antes entonemos el Aleluya.

Oración Universal

Por la santa Iglesia: para que unida en Cristo, Rey de paz, exprese a la luz del Evangelio la justicia nueva que él ha promulgado desde la cruz. Roguemos al Señor.

Por los pastores del pueblo de Dios, obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas: para que imiten a Jesús, que no vino para ser servido, sino para servir. Roguemos al Señor.

Por la sociedad en que nos ha tocado vivir: para que reconozca en todo ser humano la presencia del Hijo de Dios, que un día vendrá a juzgar al mundo. Roguemos al Señor.

Por nuestra parroquia Espíritu Santo: para que vivamos convencidos de que servir es reinar. Roguemos al Señor.

Por todos nosotros: para que Jesús reine en nuestros corazones y en nuestras vidas, santificando nuestras acciones y palabras. Roguemos al Señor.

Exhortación final

(Tomado de B. Caballero: La Palabra Cada Domingo, San Pablo, España, 1993, p. 406)

Hoy te alabamos, Padre, porque en la resurrección

de tu Hijo, Cristo Jesús, lo constituiste Rey y Señor del universal

de todo lo creado con un poder y un reino eternos que no cesarán.

gracias también, porque, a su vez, Cristo ha hecho de nosotros,

los bautizados en él, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Haz, Señor, que venga tu reino al mundo de los hombres,

y danos la fuerza de tu Espíritu para mantener irrevocable

nuestra entrega personal a la construcción de tu reinado

en nuestro mundo: tu reinote verdad y de vida,

tu reino de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.

Así mereceremos alcanzar de ti el reino eterno con Cristo.

Amén

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Preguntas, comentarios y agradecimiento a: Domingo Vásquez Morales, C.Ss.R.

La Redención en la espiritualidad de San Alfonso. Hoy no es fácil hablar de la redención que Cristo nos ha alcanzado. Para muchos no tiene sentido hablar de redención porque no tenemos de qué ser redimidos; la redención es vista como una respuesta que no tiene pregunta. Leer el artículo completo.

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Homilía para hoy

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Homilia para el XXXIV Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B. Solemnidad de Cristo Rey del Universo

En Camino — Escrito por dvasquezmorales @ 02:43

EN CAMINO

Tempo Ordinario, ciclo “B”

26 de noviembre de 2006, Trigésimo Cuarto Domingo:

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR. Fuente: www.scalando.com

1ra lect: Dn 12, 1-13

Salmo responsorial: 15, 5.8-11

2da lect.: Heb 10,11 -14, 18

Evangelio: Mc 13,24-32

El hijo del hombre

Nos volvemos a encontrar hoy, como hace ocho días, con un fragmento del libro de Daniel. Un texto que pertenece a la literatura apocalíptica y que es preciso leer desde esta perspectiva[1]. Recordemos que se trata de un texto opuesto a las pretensiones de divinidad y dominio absolutos, típicos de los dominadores helénicos, que para la época de la elaboración del texto, sometían Palestina. La escuela apocalíptica que escribió el libro de Daniel tenía como objetivo animar a sus fieles a una resistencia contra la ideología dominante, que pretendía suplantar el poder y señorío del Dios en el cual ellos siempre habían creído.

Este fragmento nos presenta como protagonista central al Hijo del Hombre, que recibe el poder y el señorío para siempre. El Hijo del Hombre representa todo lo bueno que hay en la humanidad. Esa humanidad buena que procede de Dios (las nubes significan la morada de Dios) y hace su voluntad, vencerá la maldad que parece dominar.

Aunque los poderosos pretendan eternizarse en el poder y acabar con todo aquel que cuestione su actitud arrogante y su falso sentido de humanidad, la historia nos demuestra que todos los reyes con sus reinados son efímeros. Que sólo es eterno el poder de Dios y su mano salvadora a favor del necesitado.

¿Cristo Rey?

Algunos predicadores dicen que Jesús se proclamó rey, aunque Él no hablaba del reino de este mundo sino de un reino espiritual, más allá de este. La cosa parece muy clara: “No es el mundo el que me ha hecho rey. Si el título de rey me viniera de este mundo, tendría gente a mi servicio que peleara para que yo no cayera en manos de las autoridades judías. Pero mi título de rey no viene de aquí abajo.”

Aquí, como en otros textos de la Biblia, nos encontramos con un problema de traducción. Sucede que Jesús no habló del título de rey, sino del reino. Parece una tontería, pero no lo es. El texto griego dice[2]: “E basileia e emé ouk estin ek ton kósmon tóuton”, lo cual significa literalmente: “El reino mío no es del mundo este”. Rey en griego es: “Basileús”, mientras que reino o reinado es: “Basileia”, tal como está en el texto. De tal manera que Jesús no habló de sí mismo como rey, ni de la supuesta procedencia de su título real, sino del reinado por el cual él siempre había luchado: el Reinado de Dios.

La traducción literal completa del párrafo es esta: “El reino mío no es del mundo este; si del mundo este fuese el reino mío, los servidores míos lucharían para que no fuese entregado a los judíos; pero ahora el reino mío no es de aquí.”

Pilato era quien insistía en preguntar si Jesús era rey[3]: “oukoun basileus ei su” lo que significa: “¿Luego rey eres tú?”. Aquí sí se utiliza el término basileus, o sea rey. Pilato estaba interesado en saber si Jesús de verdad se había declarado rey tal como lo acusaban sus enemigos judíos. Jesús le respondió: “Tú dices que rey soy.” Aquí tampoco podemos decir que Jesús haya aceptado el título de rey. “Tu dices que rey soy” no es una respuesta afirmativa. Podría traducirse también: “Eres tú quien lo dices”. Algunas Biblias traducen: “Sí, como tu lo dices: soy Rey”. Es una traducción totalmente errada. Él nunca habló de sí mismo como rey. Es más, cuando después del signo de la multiplicación de los panes quisieron hacerlo rey, se escapó al monte (Jn 6,15).

Las palabras que siguen: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad oye de mi la voz”, tampoco significan que Jesús haya venido a este mundo para ser rey. Revelan la verdadera misión de Jesús: dar testimonio de la verdad. Podemos decirlo directamente: Jesús no vino para ser rey de nada, sino para dar testimonio de la verdad.

¿Entonces por qué la causa de condenación fue precisamente por haberse declarado rey, tal como se escribió en la tablilla: “Jesús el nazareno, Rey de los judíos”? (Jn 19,19). Quienes acusaron a Jesús de haberse declarado rey fueron los interesados en deshacerse de él: sumos sacerdotes, escribas, doctores de la ley, saduceos, entre otros. Como en aquella época los dirigentes judíos no tenían la “ius gladi” o facultad para condenar a muerte, entonces acudieron a quien sí la tenía: Pilato. Una razón poderosa, que seguramente conllevaría a la condenación inmediata, era decir que se había declarado rey, porque Pilato lo relacionaría con un desconocimiento del emperador romano y por tanto con una sublevación al imperio.

“Que Jesús sí es rey pero no de este mundo, sino de la otra vida, la vida del cielo, en la cual reina con todos sus ángeles”, dicen otros despistados. Otra afirmación igualmente errada. “El reino mío no es del mundo este”, no significa que Jesús sea rey de otra parte, de un mundo extrasensorial y supraterrenal más allá de la historia humana. Significa que el reinado por el cual luchó Jesús no era como el reinado del mundo romano, o “el orbe romano”, como le llamaban. Un reinado esclavizador, generador de terror, miseria, dolor y muerte. El reinado propuesto por Jesús era el reinado de Dios el cual implicaba un proyecto de justicia y verdad. Para esto vino al mundo: para dar testimonio de la verdad.

Es bueno saber que “mundo”, para los escritos de la tradición de Juan, tiene dos significados que se entienden según el contexto. Por una parte está el mundo como universo, incluido el ser humano: “El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo” (Jn 6,51b), “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que se salve por medio de él” (Jn 3,17).

Otro significado de mundo es todo aquello que esté contra la voluntad de Dios: la maldad en contra de la bondad, la mentira como contraria a la verdad, el poder que oprime contrario al amor que sirve, las tinieblas como contraposición a la luz, etc.: “Ustedes encontrarán la persecución del mundo. Pero ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16,33) “No amen al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Pues toda corriente del mundo – la codicia del hombre carnal, los ojos siempre ávidos, y la arrogancia de los ricos – nada viene del Padre, sino del mundo” (1Jn 2,15-16)

Algunas veces los dos conceptos de mundo de mezclan en un párrafo, pero se pueden diferenciar: “Yo les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Jn 17,14-15)

Esto es bueno aclararlo porque, si el reinado que anunció Jesús es de otro mundo diferente a este de los mortales, el cristiano no debe meterse en cuestiones temporales. Por eso a muchos no les interesa la situación de los pueblos, la riqueza o la pobreza, la miseria y la injusticia de nuestro mundo. Por eso mismo muchos monjes medievales “dejaron el mundo” y se encerraron en las celdas conventuales para hacerse santos. Pero Jesús no fue un hombre autista desconectado de la realidad, no fue anacoreta, ni un monje conventual. Esa es una visión peligrosa que enceguece al creyente y convierte la religión en un opio adormecedor de las conciencias. Un Jesús que proclama el reinado de un mundo espiritual y extramundo, desencarnado y alejado de todo compromiso de orden temporal con la realidad concreta que vive el ser humano, es un Jesús falseado.

En este evangelio lo vemos compartiendo la tragedia humana, vivida por muchos hombres de las colonias romanas que se atrevían a levantar la cabeza. Éste es el típico juicio de un inocente procesado como si fuera un peligroso criminal. No precisamente por huir del “mundo, el demonio y la carne”, sino como consecuencia de su compromiso con la historia, por su manera como enfrentó y se opuso a todo lo que disminuía la dignidad humana.

Pilato representaba a Tiberio, emperador romano, quien tenía el poder en su mano. Los romanos controlaban todo, absorbían como una aspiradora los bienes del pueblo de Dios y lo dejaban en la miseria. Sin ser los únicos, eran la cara más visible del mundo en cuanto que se oponían a los planes de Dios. Según la religiosidad romana, el emperador era el hijo del altísimo y el absoluto de todo el orbe. Esa era la “verdad”: todo lo que dijera el emperador era palabra de Dios. La voluntad del emperador era la voluntad de Dios y debían hacerla cumplir a la fuerza.

La maquinaria judía, que servía a los romanos y traicionaba a su propio pueblo para defender sus privilegios, le había vendido una idea a la masa de gente: “Jesús es un peligro y debe morir”. Aquí vemos una vez que la voluntad popular no siempre representa la autonomía de un pueblo. Que no siempre la voz del pueblo es la voz de Dios y con mucha frecuencia la voz del pueblo no es más que una soberana gritería, fruto del engaño de las maquinarias corruptas que se alimentan de la desgracia de los inocentes.

Esa era la “verdad” oficial: la persona más importante era el emperador, seguidos por sus ministros y demás ciudadanos romanos. Los demás individuos no contaban. “El bien del pueblo romano era la suprema ley”. Los demás pueblos podían ser colonizados, explotados con cargas tributarias y pisoteados con todo tipo de vejámenes, si ponían resistencia.

Esa era la “verdad” oficial: Jesús era un nativo de una colonia del imperio, un hombre grosero que se había atrevido a cuestionar esa verdad, un peligro que debía ser eliminado. Un pobre reo con quien podían jugar los soldados, pues una vez condenado a muerte quedaban derogados todos sus derechos como ser humano.

Pero esa era una “verdad” impuesta. Una falsa “verdad”, como tantas versiones oficiales de gobiernos totalitarios y de ideologías dominantes.

La verdad – verdad, estaba en la persona de Jesús. En su calidad humana, en su testimonio de vida y en su entrega generosa al reinado de Dios. Él no vino para usurparle el reinado a nadie y tomar su puesto como otro monarca. Vino para ser testimonio de la verdad y para mostrarnos un camino que lleva a la plenitud a todos los seres humanos.

Aunque su vida estaba en manos del poder judío y del poder romano, aunque era un perdedor que no valía, la verdad – verdad, es que nada era tan valioso como su testimonio de amor y su entrega por una humanidad realmente libre y feliz. Su vida, su palabra y su proyecto eran generadores de amor, fraternidad, justicia y verdad.

Los poderosos lo vencieron, pero en el fondo fue él quien venció. El poder judío buscó que Pilato lo condenara a muerte. Pilato lo condenó no sólo para responder a la presión judía sino porque también tenía razones poderosas para quitárselo de encima. Jesús podía renunciar a su proyecto para evitar que lo mataran, pero no lo hizo. Pagó el precio de la cruz como expresión de su fidelidad a Dios y a los demás seres humanos, como manifestación de su solidaridad con todos los crucificados de la historia que, como él, eran víctimas de quienes prefieren excluir y matar en vez de cambiarse a sí mismos y cambiar las relaciones para sean más humanas. Si realmente quería afirmar la fidelidad de Dios con el ser humano, la validez de su proyecto y la supremacía del reinado de Dios sobre los reinados temporales que se erigían para aplastar a los débiles, tenía que morir. Si se retractaba y renunciaba a su causa, salvaba su pellejo y lo dejaban libre, pero todo se habría perdido. Sólo asumiendo las consecuencias de su compromiso, sólo asumiendo la cruz, impediría que la injusticia y la frustración tuvieran la última palabra; sólo así se reafirmaría como el hijo de Dios, el hijo del hombre y el hermano de todos. Y así fue como venció al mundo (Jn 16,33), porque sólo así, la última palabra la tuvieron el amor incondicional y el perdón.

Hoy celebramos la fiesta de Cristo rey. Pero más que proclamar a Jesús como el rey del universo, Dios y hombre, señor y Mesías, a quien deben consagrarse las archicofradías, las parroquias, o los estados, podemos anunciarlo como Buena Noticia, como un camino, un modelo para ser plenamente humanos y un proyecto para construir una vida justa y digna. Buena Noticia que se vive y se anuncia, y utopía que se construye en medio de las duras realidades y de los poderes que se oponen a su realización.

“Para mí, lo más importante que se dijo de Jesús en el Nuevo Testamento no es tanto que él es Dios, Hijo de Dios, Mesías, sino que pasó por el mundo haciendo el bien (Hch 10,38), curando a unos y consolando a otros. Cómo me gustaría que se dijera éso de todos y también de mí”[4]

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Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)

Moniciones y oración Universal

Nuevo Artículo: La redención en la Espiritualidad de San Alfonso por Noel Londoño, C.Ss.R. http://www.scalando.com/espiritualidad/redencion.htm

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Moniciones para el domingo 26 de noviembre de 2006

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[1] Si no se ha leído el texto del domingo pasado (33 del tiempo ordinario ciclo B) sobre la literatura apocalíptica, se puede leer.

[2] LACUEVA Francisco, Nuevo Testamento interlineal Griego-Español, Ed. Clie Barcelona 1990.

[3] Utilizaré aquí también la traducción literal del texto Nuevo Testamento interlineal.

[4] Boff Leonardo, Una espiritualidad liberadora, Estella 1992, 15.

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En Camino: Vigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo B

En Camino — Escrito por dvasquezmorales @ 04:31

Rep. Dominicana

Misioneros Redentoristas

Puerto Rico

En Camino: Homilía

Vigesimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario/Ciclo B

www.Scalando.com

27 de Agosto de 2006"Dando la Vida por la Abundante Redención"

Autor: Neptalí Díaz Villán CSsR. Fuente: www.scalando.com

¿Cómo estás?
"Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús Señor nuestro" (2 Tim 1, 2)
Las lecturas del XXI Domingo del Tiempo Ordinario

UN TEMA ESPINOSO

La Biblia contiene el testimonio de la experiencia de un pueblo con Dios, el cual quiso hacer historia con el ser humano para conducirlo a su plena realización y felicidad en la libertad propia de los hijos. Para algunos, los textos de la Biblia son en su integridad Palabra de Dios y por lo tanto no se puede cuestionar ni una coma de su contenido. Para otros, la Biblia es sencillamente un libro de literatura, con una riqueza igual a la de otros libros clásicos de la antigüedad. Otros, más críticos y con cierto tinte antisemita, piensan que la Biblia, salvo algunas excepciones, contiene los crímenes cometidos por el pueblo judío para conquistar lo que ellos llamaron la tierra prometida, pero que esto, en el fondo no fue otra cosa que un despojo más de los que hizo y sigue haciendo este pueblo.

¿Y dónde queda nuestro amigo Pablo? Para unos es el gran Apóstol de los gentiles, cuya figura es superada solo por Cristo. Algunos llegan a decir que fue el fundador del cristianismo, porque sin él éste se hubiera quedado como una secta más dentro del judaísmo palestinense. En el otro extremo están los que piensan que Pablo no fue más que un misógamo incapaz de vivir en pareja, que justificó su soltería diciendo que ya estaba cerca la segunda venida de Cristo, y se murió esperándola.

¿Y qué decimos nosotros? ¿Qué decir por ejemplo sobre la segunda lectura? ¿De verdad que es Palabra de Dios que las mujeres deben someterse a los maridos? ¿Delante de Jesús y de nuestro mundo, con los signos de los tiempos actuales, podríamos seguir sosteniendo lo mismo? Algunos, inclusive algunas mujeres, no tienen problema con estas palabras de Pablo. “El hombre siempre va primero porque es la cabeza, como Cristo es la cabeza de la Iglesia”, me “corrigió” en una ocasión una esposa, porque durante la presentación de un grupo de catequistas nombré adrede primero las esposas y luego los esposos.

Nuestro querido y añorado papa Juan Pablo I no tuvo problema en afirmar que Dios era Padre y Madre. Pero no podemos pedirle a Pablo de Tarso, por muy inspirado que estuviera, un manifiesto feminista ¡En el siglo primero eso era inconcebible! Él vivió inserto en una cultura claramente androcéntrica (centrada en el varón) y patriarcal (machista, podríamos decir). La mujer dependía del varón y debía vivir sometida a él, esa era la consigna, no podía ser otra para la época. Los hijos dependían absolutamente del papá y debían vivir sometidos a su voluntad; ni pensar en los derechos del niño.

Si bien es cierto que en la historia se han dado pasos significativos y giros radicales, estos no se produjeron sin el esfuerzo de muchas personas, que con sus pequeños pasos hicieron posible tales transformaciones notables. Pablo no llegó a dar el paso agigantado de pedir igualdad entre los dos géneros. Hoy, después de 20 siglos, todavía no lo hemos logrado a plenitud. Pero hay que abonarle a Pablo el haber pedido a los maridos que amaran a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a ella para santificarla, de tal manera que estuviera siempre resplandeciente de gloria sin mancha ni arruga ni ningún otro defecto, sino santa e inmaculada.

Creo que como dijo el Concilio Vaticano II, la Biblia es palabra de Dios con lenguaje humano. Hay muchos elementos en la literatura paulina, así como en toda la literatura bíblica, que siguen siendo válidos después de dos mil años. Hay otros elementos que corresponden a una cultura y no tenemos derecho a juzgar, pero tampoco deberíamos caer en el fanatismo de repetir los mismos errores.

Más que la letra escrita nos corresponde buscar el espíritu con el cual fue escrita; qué buscaba el autor del texto con ciertas sugerencias, exhortaciones o leyes. La letra es el detalle de lo mandado, la prescripción, el rito o la acción concreta. El espíritu es el sentido con el que ha sido concebida una práctica concreta, y la vivencia con la que debe ser vivida. Por eso el mismo Pablo dijo: “La letra sola mata, mientras que el espíritu vivifica” (2 Cor 3,6). La letra es medio, el espíritu es fin. Es posible que el Espíritu se pueda dar sin la letra, al margen o incluso, en algunas ocasiones especiales, en contra de esta. Para esto es necesario tener una conciencia madura, capaz asumir la libertad con responsabilidad. Esta es una exigencia para todos los cristianos y en general para todo ser humano.

En este sentido, hemos de ir a la Biblia con mucho respeto y humildad, pero sobre todo abiertos a la gracia del Espíritu para descubrir la voz de Dios que sigue hablando en los acontecimientos de nuestra propia historia. Tendríamos que aprender de Jesús para decir: Se dijo a nuestros antepasados… hoy se nos dice… (M5,17ss)

OPCIÓN VITAL

Desde niños nos vemos en la necesidad de hacer opciones: “quieres una mandarina o un banano”, le dice la mamá a su hijo. Eso es una opción propia para un niño; pero a medida que vamos creciendo las opciones se van haciendo más complejas. En el estudio puedo “echarme a la locha” y dejar que pasen los años aprendiendo lo mínimo para pasar el año escolar, o ser un “pelao pilo” de los que se preparan para transformar su entorno vital. Puedo optar entre irme a la esquina con el grupito de “parceros” o entrar en un grupo de arte, de deporte, de la parroquia o en alguna acción social.

Más adelante debo optar por una profesión que me guste y me permita desplegarme laboralmente, según mis posibilidades. Debo optar entre esta o aquella muchacha que me llaman poderosamente la atención; entre comprar un carro o una moto… en fin, tengo que pensar bien, optar por la mejor de las posibilidades, de tal manera que pueda crecer, madurar y ser feliz, pues como dijo el “viejo” Aristóteles: “la felicidad está en escoger la mejor de mis posibilidades y realizarla.”

Tanto Josué en la asamblea de Siquem, como Jesús en la sinagoga de Cafarnaum, invitaron al pueblo a optar. En las montañas de Judea confluyeron pueblos de distinta índole, cada uno con su propia historia, su cultura, sus tradiciones e inclusive sus propios dioses.

Los unían muchas cosas: la situación de marginalidad, empobrecimiento y sometimiento, pero sobre todo la búsqueda de libertad y la necesidad de formar pueblo. Uno de esos grupos fue el del éxodo que salió de Egipto liderado por Moisés y, una vez llegó a las montañas, se convirtió en paradigma para los demás. Este grupo fue un punto de referencia muy importante por su experiencia de lucha por la libertad con el hilo conductor de la fe en Yahvé.

No faltaron los problemas, los enfrentamientos e inclusive las muertes, como lo muestra el relato de Caín y Abel, que escenifica la batalla cazada entre campesinos y pastores. Poco a poco fueron estableciendo lazos de unión hasta formar una sola historia. Aprovecharon todas las tradiciones como la del cordero pascual y la del pan ácimo, y tejieron una historia con los patriarcas a quienes presentaron como descendientes de una sola familia: Abraham, Isaac, Jacob, etc.

En ese proyecto grande de construir su propia historia como pueblo libre, tuvieron que tomar opciones concretas y compromisos serios que los llevaran a conseguir los objetivos. Sabían por experiencia propia que los dioses cananeos, amorreos y egipcios eran generadores de esclavitud y muerte[1]. Los “otros dioses” prometían grandes cosas y seducían con mucha facilidad a la gente; grandes imperios mostraban el poderío de los dioses, pero grandes sufrimientos les habían propinado los mismos cuando eran sus esclavos.

Había una opción que cada vez tomaba más fuerza, pero de la cual no todos estaban seguros: la fe en el Dios de la libertad, en Yahvé Dios Shebaot. Creer en ese Dios también implicaba una organización sociopolítica, económica, cultural y religiosa. Debían pasar de la estructura monárquica en la cual todo el poder estaba en el monarca, a una estructura tribal en la cual la máxima autoridad estaba en los jueces (Josué era uno de ellos), quienes presidían la confederación de tribus. Debían pasar del politeísmo al monoteísmo. De la ley del más fuerte a una ética exigente de convivencia en justicia y derecho, lo cual no les parecía muy fácil de llevar…

Era preciso optar y por eso Josué puso al pueblo entre un “o” “o”: o los otros dioses, o Yahvé Dios: “Si les parece demasiado duro servir al Señor, escojan hoy a quien servir: a los dioses a quienes sirvieron sus padres en Mesopotamia, o bien a los dioses de los amorreos en cuyo país habitan ustedes. De todos modos, mi familia y yo serviremos al Señor.” No obstante las seducciones de los otros dioses, la asamblea de Siquén siguió el ejemplo de la casa de Josué y tomó la opción de seguir al Dios de la libertad.

Jesús por su parte no buscó adeptos valiéndose de promesas dulces. En el discurso del pan de vida mostró a un Dios cercano y amoroso que alimenta y acompaña al pueblo, pero también presentó un camino que exigía asumir la carne humana con todas sus realidades y trabajar responsablemente para lograr la meta. Comer la carne y beber la sangre del hijo del hombre, dijimos hace 8 días, significa asimilarle a él y su camino de salvación. No era fácil. Debían optar. Muchos optaron por irse, inclusive sus amigos más cercanos lo criticaban.

“Ustedes también quieren irse?”, les preguntó Jesús. Porque es un engaño decir que somos cristianos si no optamos por seguir sus pasos hasta el final. Aquí no se trata de escoger entre un banano o una mandarina. Esta una opción fundamental. ¿Me la juego con Jesús y su proyecto de justicia y derecho?, ¿soy indiferente? o ¿me opongo sus pretensiones?

Muchos dicen ser cristianos pero se quedan en un cristianismo social, de tradiciones y ritos para no perder la costumbre. Dicen Señor, Señor, pero no se ven las obras. Mucho tilín-tilín y nada de paletas, como las gallinas que cacarean sin poner huevo. Sencillamente les parece bonito el bautismo, les parece romántico ver a un niño con el vestido de primera comunión y siempre han soñado entrar por la nave central de la “iglesia más cotizada” de la ciudad, mientras tocan la marcha nupcial.

Hoy nos corresponde optar. Somos absolutamente libres para dejar a Jesús, inclusive para llevar un cristianismo mediocre, o para tomar en nuestras manos el timón y asumir la vida como Él la asumió. Como Pedro, nos corresponde descubrir que verdaderamente Él tiene palabras de vida eterna.

Es necesario optar: ¿A quien seguimos? ¿A quién iremos? ¿A quien servimos? ¿A los actuales idolillos y su engañosa seducción? ¿Al dinero? ¿Al consumo? ¿Al poder? ¿Al político de turno? ¿A la moda? ¡Mucha gente se ha ido! ¡Otro tanto llevan un cristianismo mediocre! ¿Nosotros también queremos irnos? ¿Nosotros somos de los cristianos mediocres? Si caminamos con Jesús podremos descubrir que son ciertas las palabras de Pedro: “Señor, ¿a quién vamos a ir? ¡Tú tienes palabras de vida eterna!”

Preguntas y comentarios a Neptalí Díaz Villán CSsR. (neptalidv@yahoo.com)

Moniciones y oraciones de los fieles



[1] Cuando hablamos de dioses nos referimos a todo el movimiento que se genera alrededor de la fe en determinado dios. La estructura social, política cultural y religiosa, estaba construida desde la creencia en un dios y sus características dadas por los mismos hombres.

Exhortación final: