Jueves, Septiembre 22, 2005
Escalofrío

Una tarde lluviosa, domingo y nada qué hacer. Se impone una visita al videoclub, pero una vez llegado hasta allí, puedes elegir entre los últimos blockbusters o lanzarte a esas películas ignotas, que siempre has visto en las estanterías de abajo pero que nunca te atreviste a coger.
Pues bien, "Escalofrío", un film del no muy memorable actor Bill Paxton es ideal para una de esas tardes y además, a la chita callando, suele encontrarse en todos los videoclubs. Se trata de una intriga con ribetes fantásticos, enlazada en base a flash-backs y castigada, lamentablemente, con una estética de telefilme. Empieza con un policía que investiga los crímenes de un psicópata llamado "La mano de dios". El hermano del asesino se presenta para hablar con este policía y le empieza a contar su pasado, para trazar el camino que ha llevado a su hermano a convertirse en lo que es. Flash-back y nos remontamos a la infancia del asesino y su hermano, que viven solos con su padre. Éste se levanta un día inspirado por un súbito fervor religioso: un ángel de luz se le ha aparecido y le ha indicado una serie de nombres de personas a las que hay que ejecutar, porque son demonios disfrazados. Dicho y hecho, el buen hombre lleva a cabo la misión de Dios, mentalizando, de paso a uno de sus hijos (la historia no especifica cuál). El otro se resiste, horrorizado.
A partir de ahí la trama se desarrolla por unos cauces previsibles. Sólo al final, la película se nos pone patas arriba y nos damos cuenta de que hemos sido vilmente manipulados por el director y que nos ha llevado por donde ha querido. Sólo por eso merece la pena el visionado.
Pero, ¡advertencia!. La película arrastra una especie de eslogan que dice "La película más terrorífica desde El Resplandor". Hay que señalar que no es ésta una película de terror, sino de suspense, más inquietante que sangrienta y cuyas virtudes principales son una sobria puesta en escena, unos actores contenidos (excepción hecha de un histérico Paxton, que también actúa además de dirigir) y un nudo argumental interesantísimo.
Así que, coge el bol de palomitas, llama a algún amigo/a que te comprenda y disfruta de una desprejuiciada tarde de domingo en compañía de ángeles y demonios.
La belleza interior, un artículo de sospechosa utilidad
¿Para qué sirve exactamente la belleza interior? Yo no la he tenido nunca y no me ha ido nada mal en la vida. Y eso que me crié con "La Sirenita" y "La Bella y la Bestia", ambas firmes alegatos en pro de la belleza interior y me traumatizaron en la medida que pueden traumatizarte las películas Disney (que es mucho, pregúntenle a Bambi). ¿Cuántas veces habremos oído eso de "Qué importa que sea imbécil, con ese cuerpo y esa cara"?
He llegado a la conclusión que eso que se llama "belleza interior" es un invento de los que somos normalitos para consolarnos. Yo no veo que nadie se gaste los mismos euros en un curso de potenciación de belleza interior que en una operación de pechos. Ni que esté dispuesto. Además, acojona un poco imaginar un mundo repleto de belleza interior: debe ser algo parecido que una reunión parroquial del domingo por la tarde, vamos, aburridísimo. Y seguro que no se liga más. Porque en el fondo es lo que todos nos tememos: la belleza interior no triunfa nada: la otra, no veas lo que cotiza. Ya puedes ser una Rossy de Palma interiormente hablando, que si eres rubia, alta y pechugona lo tendrás mucho más fácil que una mediocre de rebosante belleza interior...que nadie se molestará en descubrir cuando la rubia se ponga por delante. Y es que por algo se vende más el tinte L'Oreal que cualquier libro exceptuando el Códice Da Punci. Yo, por mi parte, me he pasado parte de mi vida buscando tan cacareada belleza del corazón (que diría la señora Potts): pero visto lo visto, me voy a pasar la otra parte en manos de una buena estilista.
Miércoles, Septiembre 21, 2005
La voz hermafrodita

Antony, alma de Antony and the Johnsons, posee una de esas voces que lo mismo te podrían recitar la guía de teléfonos, que seguiría sonando a gloria. Fogueado en cabarets de medio pelo y descubierto, según prensa, por un Lou Reed acongojado, empezó su camino hacia el éxito con su segundo disco, "I am a bird now", un emocionante cancionero que cuenta con las colaboraciones de Lou Reed o Boy George, entre otros y que demuestra de manera fehaciente que el poder residente en Antony no es la calidad de las composiciones (irregular en el mejor de los casos) sino la belleza inextinguible de una voz que se debate entre lo masculino y lo femenino, entre lo dulce y lo desgarrado y que se cierne sin pudor sobre piezas tan descarnadas como "Hope there's someone", "Today I am a boy" o "My lady story", todos ellos temas apreciables que en manos de la voz adecuada se vuelven extrañamente trascendentes. Bien es cierto que no es una voz a la que se adivine una gran versatilidad: Antony pertenece a la rara estirpe de cantantes que no necesitan cambiar para ser grandes.
Y es que si algunos artistas nacen para provocar, vender, hacer
espectáculo o exhibir virtuosismos varios, Antony está ahí para
comunicar emociones en una senda que otros insignes, como Jeff Buckley
o Mink DeVille, ya recorrieron antes, la senda de las voces que nunca hemos conseguido olvidar.
Lunes, Septiembre 19, 2005
¿Que cómo he llegado a esto?
A ver cómo se explica que yo, una minicultureta que a los doce años se tragaba un tocho de Tolstoy aliñado con algún Flaubert que otro, he acabado leyendo novelas policíacas. De adorar la límpida prosa francesa a esperar con los colmillos afilados a que aparezca la primera gota de sangre. De creer que Eugenie Grandet merecía un mejor destino a considerar el asesinato como una de las Bellas Artes. De abominar de los monstruos reptantes de Stephen King a adorar las dulces podredumbres de Thomas H.Cook (y sigo leyendo a King).
Y con las películas lo mismo. Aquí donde me leeis, yo disfrutaba con la cadencia de Pasolini o de los hermosos silencios suecos de Bergman. En la actualidad, no creo que pueda soportar tales silencios sin un buen bostezo y sin embargo, disfruto de las películas de misterio a la americana, estilo "El coleccionista de huesos", a la espera de que mi adorado M.Night Shyamalan se decida a hacer la película de psicópatas para culturetas que me devolverá al mundo de los elegidos por el arte y el ensayo.
En realidad, no tengo explicación para este proceso de inculturización a la inversa. Sólo sé que, a medida que me hago un poco más adulta, prefiero transitar los terrenos de la oscuridad ajena y que tales territorios pasan a formar parte de la orografía de mi persona como si siempre los hubiera necesitado. Y quizás piense que un carácter como el mío, aparentemente sociable, simpático, aquiescente y amable necesite una buena dosis de crímenes de ficción para desahogarse de vez en cuando contra las mil y una pequeñas ofensas que cada día nos infligimos unos a otros y que nunca tienen pago, ni vuelta ni compensación alguna. Claro que nunca se sabe: a lo mejor me viene la vena quijotesca, ahora que se ha puesto de moda, y me doy a la vida criminal. Y a los primeros que me pienso cargar son a los escritores de novela policíaca, por pervertirme.
Lunes, Septiembre 12, 2005
Canción de hielo y fuego

Preséntese un mundo medievalizado que se inspira en la Inglaterra de los señores feudales, póngase unas gotas de fantasía de la de toda la vida -dragones, magia, criaturas imaginarias, paisajes inverosímiles- y unas cuantas más de sexo, sangre y batallas épicas y he aquí la "Canción de hielo y fuego", un conjunto de seis libros escritos por George R.R.Martin, autor también de "Muerte de la luz" un libro que tuvo cierta resonancia en la sci-fi de hace algunos años. Pero vamos a lo que vamos.
A priori, la historia no parece muy original: un puñado de casas nobles luchan por incomodísimo Trono de Hierro, no muy distinto de aquel trono inglés por el que sajones y normandos se sacaban los ojos. Este Trono será la causa de un sinnúmero de envenenamientos, apulañamientos, estrangulamientos y toda clase de cosas nefastas terminadas en "iento" (incluida descuartizamiento).
¿Qué distingue a estos libros de otros tantos de fantasía épica mediocre como la serie Dragonlance o la de Reinos Olvidados? En especial dos cosas: la estructura dramática y el gran abanico temático que se cubre. Cada capítulo lleva el nombre de un personaje, desde cuyo punto de vista se cuenta la historia, de modo que el final de capítulo consigue dejarnos en suspenso sobre esta parte de la trama. Una estructura, pues, folletinesca, a la manera de Dickens o Dumas, un ingenioso mecanismo literario que obliga al lector a proseguir con la historia hasta el final, para averiguar lo que le ha pasado a tal o cual personaje. Es inevitable que unos personajes sean más apasionantes que otros y que el lector tome partido por aquellos que más le simpaticen, lo cual no obsta para que cada una de las historias tenga su propio interés y sea casi imposible de dejar de lado.
Por otra parte, mencionaba la amplitud de los temas tratados por Martin. Éste no duda en ofrecernos con prodigalidad asuntos tan espinosos como el incesto, la muerte de personajes protagonistas, el asesinato de infantes, la ausencia de héroes y villanos propiamente dichos, en definitiva, los temas que parecían inexistentes en el común de la fantasía épica. Se desenvuelve estupendamente en las tramas de intrigas políticas -muchas y muy buenas-y en las puramente bélicas. Como la mayoría de las novelas-río, aspira a ofrecer un amplio abanico de las emociones humanas -codicia, ambición, amor, honor- lo cual consigue más o menos, habida cuenta que no estamos ante un nuevo Víctor Hugo. El uso de los estereotipos más habituales está perfectamente integrado con otros elementos de mayor originalidad y la colección de personalidades y arquetipos expuestos en las páginas del libro es variada, interesante y amena.
Si algo se le puede reprochar a este libro, que podría pasar por una novela histórica de un país aún no descubierto, es que tras ese aparente rigor medieval, se cuelan los retazos de fantasía épica como invitados no del todo deseados. Vampiros, dragones, huargos, asesinos fantasmales, criaturas que no acaban de entonar con los eunucos intrigantes y las reinas malvadas.
Quizás otro detalle a observar es el nivel puramente literario: el lenguaje es idóneo para las partes más dinámicas, pero se queda un poco corto en las más descriptivas: se echa de menos un cierto pulso poético que preste mayor empaque a la prosa, una virtud de la que Tolkien andaba más sobrado, aunque careciese de agilidad en las partes más movidas. Las descripciones son correctas, pero funcionales y los diálogos vivos con el uso de un lenguaje coloquial que puede chirriar a algunos lectores, si bien otros lo encontrarán idóneo para enmarcar una época tan mítica como ruda. Hay momentos memorables y otros que son más bien olvidables.
En resumen, una colección adecuada para:
1)Amantes de la novela fantástica, hartos de Drizzt, de Tanis el Semielfo y de Aragorn y en busca de una buena saga, que enganche y que sea distinta que todas las demás.
2)Aficionados a los novelones repletos de vivencias y personajes, estilo "Los Pilares de la Tierra" o " Los Miserables". Mejor que la primera, aunque peor que la segunda.
3) Bibliófagos impenitentes, que no tengan prejuicios ni reparos hacia ningún género y que no se asusten ante lo que en unos años serán siete mil páginas publicadas.
4) Fans de "Falcon Crest" y "Dinastía" en versión medieval.
A los demás, sólo nos queda esperar que el ya talludito George R.R.Martin no casque antes de finalizar el último tomo.



