Estaba mirando por Internet artículos sobre el GNU/Linux y el Software Libre en general (y me entero de poco, pero lo poco que extraigo es interesante), cuando me he detenido en una noticia del 14 de diciembre de 2005 acerca de un Congreso que se realizó para debatir la propuesta de IU-ICV y ERC de implantar GNU/Linux en la Administración del Estado. El “debate” acabó con el rechazo del PP y del PSOE, denegando la propuesta por 15 votos a favor, 290 votos en contra.
La noticia, aparecida en El País, tenía ya un título que a mí me parece bastante poco objetivo: “El Congreso rechaza imponer el uso del “software” libre en la administración”. ¿”Imponer”? Esa palabra es opuesta a la esencia del software libre... El software privativo nos lo están imponiendo desde el momento en el que compramos un ordenador (en el que tenemos ya instalado el Windows), desde el momento en que, como afirmaba un dirigente de CiU “incluso en las pruebas de selección para puestos públicos en Cataluña se pide a los aspirantes que expliquen de memoria el funcionamiento de programas como el Office de Microsoft, al no disponer de ordenadores para hacer la prueba”. Sorprendentemente, CiU esgrimía ese argumento (el hecho de que ellos mismos “impongan” el estudio de un programa privativo como es Office para poder acceder a la Administración) para no admitir la propuesta, “por razones de eficacia”... Manda huevos, con perdón.
Por otra parte, el PP alegaba que esa proposición era "fruto del dirigismo tecnológico y limitadora de la libertad" (es decir, justo lo que implica el software privativo). Además, argumentaba que "Los gobiernos no deben regular para crear alternativas que ya existen. Si el software libre es tan bueno, ¿por qué no dejan que compita en el mercado?" Además de decir que esa medida iría en contra de la libertad de mercado, en contra de la propiedad intelectual...
El software libre no es un todo homogéneo. No es algo que haga una sola persona y lo reparta por ahí como caramelos. Es una forma de hacer las cosas, es que si yo hago algo y lo vendo o no (porque, naturalmente, existe la posibilidad de que lo venda, con mi nombre de autor, incluso puedo imponer que conste que yo soy el autor de ese programa posteriormente), no impongo a los demás su uso una vez lo hayan comprado.
Hay muchos autores de software libre, y todos pueden vender sus creaciones si quieren y modificar las ya existentes y venderlas. Todos esos autores generan competencia, competencia sana, enfocada a la mejora de la informática, y con ella de nuestra vida.
Imaginad que una empresa llamada IKEO produce muebles. Cuando compras una casa te vienen los muebles de esa empresa ya montaditos dentro, con manualitos de instrucciones. Sin embargo, tomando como ejemplo las camas, en el manual te informan de la prohibición de mantener relaciones sexuales en ellas –sin permiso. Porque si lo haces pueden venir unos señores, tirarte al suelo mientras duermes o mientras mantienes esa relación y llevarse su cama, porque aunque tú la hayas comprado con la casa, no es tuya. Tampoco puedes pintarla, ni dejársela a tu madre o a un buen amigo que venga a dormir un día a tu casa. Los de IKEO sabrán que tú haces un mal uso porque con la cama hay un transmisor que les comunica cualquier gemido o ronquido diferente al tuyo... Sería aberrante, ¿no?
Afortunadamente situaciones como esa no existen (hoy en día). Y eso no implica que deje de haber derechos de autor. Yo puedo modificar a mi gusto o incluso vender un mueble de cualquier empresa, lo que no puedo es decir que lo he diseñado yo, por mucho que haya pintado pajaritos en él y le haya puesto un cabecero nuevo y más funcional.
Si a alguien le interesara el saber cuántas parejas están manteniendo relaciones sexuales o cuántas personas duermen en camas diferentes a las suyas, quizá no convendría que otro tipo de camas diferentes a las que he descrito existieran en el mercado... Es mi opinión personal, vosotros sacad las conclusiones que veáis (y si es posible, me las comentáis).

Siguiendo con la noticia del Congreso, una antigua amiga mía, Lourdes Muñoz, a la que desde aquí envío un saludo si por una de esas casualidades de la vida lee esto alguna vez, del PSOE, “recordó que el Gobierno y el PSOE han puesto en marcha políticas de impulso al software libre para facilitar la accesibilidad a las páginas web de la Administración para que el ciudadano no se vea obligado a adquirir un software, pero sin vulnerar la libre competencia.” Qué manía con lo de la “libre competencia”, ¡si es precisamente lo que queremos conseguir!
También dice Lourdes que desde su partido se cree en el desarrollo basado en dos criterios: "la neutralidad tecnológica y de eficacia". Por ello, señaló que su grupo está de acuerdo con la exposición de motivos del proyecto, pero no con el articulado, ya que a su juicio "ésa no es la manera de promocionar el software libre, porque hace falta más consenso".
El software libre no es un producto que se tenga o no que promocionar como si fuera la Pepsi frente a la Coca Cola. Se trata de evitar la imposición que por su propia definición y filosofía implica el software privativo. Y se propone como alternativa el software libre. Es decir, el software libre no puede entrar en el mercado a competir con el software privativo, sino que debe sustituir al software privativo e impulsar así la libre competencia.
Es como si hay una dictadura en un país y se alega que no se puede “imponer” la democracia porque hace falta más consenso. Y por otra parte se dice que si la democracia es tan buena, mira tú, ¿por qué no hay democracia en el gobierno junto a la dictadura? No tiene sentido porque la dictadura es la no democracia, y la democracia es la no dictadura, por definición.
Tenéis la web de la noticia del Congreso en el apartado “Otras Cosas” (aquí no puedo ponerla porque me desestructura todo el párrafo...